La última carta: ante la muerte, ante la vida

Álvaro Serrano by Unsplash

“A abrir tras mi fallecimiento. Aseguraos de mi muerte, os lo ruego”.

Con este texto encontró Emilio, un amigo del blog, una carta -la última- de su padre; en sobre cerrado, manuscrita y a su nombre. Y tal cual -como me pide emocionado-, os transcribo lo que aquel plasmó de su puño y letra, sabiéndose terminal. Pero bien lúcido.

Querido hijo mío:

Mi médico quiso anticipártelo; yo ya lo intuía. Y te lo vi en los ojos antes de que me lo confirmases. Mi tiempo, aquí, toca a su fin. Como un día ocurrirá a mamá. Y a ti. Y a todos. Como acaeció con mis padres. Y con los padres de mis padres. Nos iremos nosotros… y nuestros hijos. Y los hijos de estos… Aquí no se queda nadie.

Ese es uno de los pocos hechos de los que podemos afirmar, con plena certeza, que ocurrirán: vamos a vivir nuestra muerte. Más aún: por acompañados que nos encontremos, habremos de afrontarla de forma personal. De algún modo, desde el punto de vista humano, en solitario.

La vida se desgasta velozmente. Nos lo advertían nuestros padres, pero no les hacíamos demasiado caso: ‘cosas de mayores’…

Hoy, cuando todo un profesional nos ha concretado que voy llegando a la meta, quiero dejarte, a modo de legado póstumo, alguna reflexión.

No todo lo que te indico lo puse debidamente en práctica -y bien que lo lamento-. Pero me gustaría, al menos, ayudarte a que lo consideres: despacio; pero sin pausa. A veces, todo cambia en un minuto… Disculpa lo que olvide. No tengo el cuerpo…

En todo caso: lo importante es pasar por la vida amando. De ahí se deriva todo lo demás

1.- Ama a tu familia: a aquella en la que naciste y te criaste (tus padres, hermanos…) y a la que, ya maduro, elegiste formar: a tu mujer, a tus hijos. Y no olvides nunca que eres hijo de Dios. No esperes a que ‘truene’ -que lo hará- para recordarlo. A todos, dedícales tu tiempo. Demuéstrales tu cariño, en lo cotidiano. Y díselo.

2.- Y, por ello, comparte con quien un día decidiste embarcar en tu -en vuestra- travesía vital, palabras, proyectos; comparte miradas, silencios; alegrías y duelos. Ella navegará siempre contigo: con el mar en calma o, fuerte y de tu mano, con la otra al timón, frente al oleaje, a la marejada.

3.- Acompaña y educa, con ella, a tus hijos: eso exige invertir horas; y esfuerzo; y coherencia; y ejemplo; y corregir y querer; mejor: y corregir por querer. Pasad tiempo en familia. Pero, también, pásalo con cada uno de ellos, a solas; en un diálogo de tú a tú, que demuestre que te importa. Vuelca tu empeño en que puedan ser personas de una pieza; buenos ciudadanos; con criterio; sensibles y recios.

4.- Cultiva la amistad; y siembra alegría, da vida a tu entorno. Habrá quien sea para ti verdadera familia, aunque no haya vínculos de sangre. El destino os cruzó y os habéis escogido. Sé muy amigo de tus amigos. Con hechos; a veces con pequeños detalles. En los ratos buenos y, no menos, cuando pintan bastos.

5.- Vive para los demás. Solo se gana lo que se da. La felicidad se multiplica cuando se reparte. No seas la pieza del puzle que alguien necesite y nunca encuentre. Date. Gástate. Y, a la vez, cuídate: cuídate y déjate cuidar, para que no se agote el agua que has de repartir desde tu arroyo.

6.- Vive solidaria y austeramente. Sé justo. Y compasivo: discretamente, humildemente. Tus próximos son tus prójimos. Recuerda, también, que el primero y el tercer mundo son igual -aunque bien distintamente- el mismo; un mundo con periferias: algunas… a la vuelta de la esquina. Demuestra que de tu condición humana se deriva tu fraternidad. No des lo que te sobra. Comparte. Y no solo los bienes materiales.

7.- Da lo mejor de ti. Ayuda a construir el mundo. Sirve desde allí donde te toque. Al menos, inténtalo. Brega, cada día; ‘solo por hoy’ haz las cosas bien y con alegría; con finura, sin alharacas. buen compañero de trabajo. Preocúpate por los que te rodean, en el negocio y en el ocio. Interésate por sus cosas, por sus necesidades. Ábrete a la confidencia y al apoyo. Desde la libertad, vete en búsqueda de la verdad. Y ofrece compartirla.

8.- Sé agradecido y disfruta: cada día, cada amanecer es un regalo. Cada encuentro con otra persona, una oportunidad de querer, de crecer, de sembrar algo positivo. Expresa -sé explícito- tu gratitud por tantas cosas buenas que te suceden en la vida, desde que te levantas hasta que te acuestas. Sí, también por esos ‘regalos’ que das por hecho. Y recuerda siempre que la felicidad es interior. Por ello, no depende de lo que tenemos sino de lo que somos. ¡Asómbrate ante tanta gratuidad!

9.- Pide permiso. Y perdón… Y perdona. Arranca todo brote de suficiencia, de orgullo, de soberbia, de rencor. Rectifica cuando te equivoques. Y asume el error sin fabricar ‘es ques’: ‘es que… excusa’. Pide disculpas, de corazón, siempre que proceda. Sé comprensivo con los demás. Si miras tus sombras, serás capaz de apreciar en ellos también sus luces. Nunca olvides que a veces vale más tener paz que tener razón. Y aprende a perdonarte a ti también.
Y… last, but not least…

10.- Aprovecha cada instante, cada momento, para sentirte vivo y para convivir. En ‘horizontal’ y en ‘vertical’: mirando siempre a los de al lado; pero también a lo Alto. Allí donde te espera -antes a mí- un Padre mucho mejor que el que te escribe; El que nos ama, nos creó y, si libremente lo queremos, nos ha salvado.

Hijo mío, cuando ya me haya ido, abrázate a los tuyos. Y no me llenéis de coronas de flores. Regaladme y regadme con oraciones. Para que la Misericordia, con mayúscula, perdone mis muchas miserias, las perdone.

Llegué tarde, es verdad, a trabajar en la vendimia de la vida. He desaprovechado tiempo. Me he mostrado bien frágil. Pero el Dueño, Él, que cada día sale a buscarme, va a regalarme el salario y el abrazo del Gozo Eterno.

Yo te regalo el mío. Sabes que os seguiré muy de cerca. Cuida a tu madre; a los tuyos.

He comenzado con el amor… Y con amor me despido: No llores si me amas.

Te quiero y te querré. Siempre.

P.D. Ya os decía yo que ese médico no valía mucho

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22 comentarios en “La última carta: ante la muerte, ante la vida

  1. Un extraordinario guión para leer, tenerlo a mano, releerlo, volver a leer e intentar seguir los consejos a lo largo de una vida. Una vida normal. Un libro de asesoramiento para volver a cogerlo y leerlo, cuando no sabes por dónde tirar. Y es que los padres, todos los padres, eran sabios. Un magnífico regalo José y Emilio. Y a su padre

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    • Muchas gracias, Mariano, por tus palabras, por tu comentario. Cuántas vidas ‘ordinarias’ pueden ser extraordinarias! Cuántas lo son! Y qué sabios son algunos padres. Y madres!
      Un abrazo fuerte

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  2. He leído este artículo y he llorado de inicio a fin. El 03 de septiembre pasado fué el décimo aniversario de fallecimiento de mi papá. No voy a extenderme, solamente quiero agradecer profundamente por compartir tan preciosa carta que tocó las fibras de mi corazón.
    Eunice Lozano

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    • Muchas gracias por tus palabras tan amables, Eunice, y por compartir con los lectores del post tus sentimientos. Dicen mucho de ti… y de tu padre, que en Gloria esté. Un saludo lleno de afecto

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  3. Si tuviera que elegir una frase de todo este estupendo post sería: “Vuelca tu empeño en que puedan ser personas de una pieza; buenos ciudadanos; con criterio; sensibles y recios”. En mi opinión aquí está la clave de como educar a los hijos aunque, que duda cabe, que el objetivo tiene una alta complejidad.

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    • Muchas gracias por compartir. En efecto, el objetivo no es sencillo, pero está al nivel de su importancia. Y ya sabemos que lo que vale… cuesta.
      Un saludo muy cordial y feliz semana

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  4. Hace tiempo leí esta frase: “El día en que naciste, todos sonreían y tú llorabas. Vive de tal forma que, el día en que mueras, todos lloren y tú sonrías…”
    Gracias por compartir el escrito. Saludos cordiales.

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  5. Llevo intentando leer este post desde que lo publicaste, pero mucho me temía, que iba a ser muy duro… Al final, este viernes decidí hacerlo porque hoy es el 4° aniversario de la muerte de mi madre y necesitaba más fuerza de la cuenta.
    Me ha pasado como a Eunice, he llorado de principio a fin, porque sólo conozco dos personas en este mundo que hayan vivido como este carta: mi abuela y mi madre.

    Veréis… Hoy ha salido el sol, pero no todos somos conscientes de lo que eso significa, de lo que representa: es la maravilla de tener la oportunidad de vivir, de disfrutar, de sentir, de hacer algo por los demás,…
    Mi madre descubrió eso, se dio cuenta del maravilloso regalo que era ver un día y aprendió a valorar las cosas sencillas.
    Cuando le dijeron que tenía càncer se hundió y se levantó: decidió que iba a vivir al día porque la vida es un regalo y ella no quería hacer sufrir a nadie. Hizo lo increíble por luchar pero siempre desde la templanza, desde su sonrisa y siempre se apoyó en su fe. Nos daba ilusiones al resto y siempre estaba atenta a las efemérides, a los detalles, estaba pendiente de las pequeñas cosas que a los demás nos gustaban. Fue un ejemplo de VIDA y de MUERTE; por eso esta mañana, tras leer el post, querido José, decidí enviárselo a toda mi familia. No encuentro una reflexión más acertada para el día de hoy. Por cierto, que como yo me imaginaba, les ha encantado. Pero eso ya lo sabía..

    Si pudiera añadir algo a este post, prácticamente imposible e innecesario, sólo introduciría una de las oraciones preferidas de mi madre: la de Teilhard de Chardin “Adora y confía”. Te dejo uno de mis pasajes preferidos e inalcanzables:
    “…Piensa que estás en Sus manos,
    cuanto más fuertemente cogido, cuanto más decaído y triste te encuentres.
    Vive feliz. Te lo suplico.
    Que nada te altere.
    Que nada sea capaz de quitarte tu Paz.
    Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.
    Haz que brote y conserva siempre sobre tu rostro una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor continuamente te dirige…”

    Ambas oraciones (No llores si me amas, de S. Agustín y ésta de T. De Chardin) las tengo muy cerquita y las leo con cierta frecuencia.

    Mil GRACIAS por el post. Me ha parecido precioso y hoy me ha vuelto a recordar que mañana volverá a salir el sol. Y tendremos de nuevo la oportunidad de reír, de hacer felices a los demás, de aprender cosas nuevas, de darnos a los otros, incluso de equivocarnos,…de VIVIR!!

    Un abrazo muy fuerte. Buen día para todos y muchísimas gracias, José, por ponernos los pies en el suelo y a la vez, darnos alas para volar.
    Maribel B.

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    • Muchísimas gracias, Maribel, por todo lo que has compartido.
      Hoy os tendré especialmente presentes a toda la familia y, en concreto,tendré muy presente a tu madre. También lo harán otros lectores del post.
      Seguro que está, en el Cielo, sonriendo al ver que su hija es… “de tal palo, tal astilla”: todo luz.
      Veo que, como a mi me pasó cuando murió mi padre, también pudiste dar gracias a Dios por haberla tenido, por haberla disfrutado: por el regalo que fue para tu vida, para vuestra vida, una madre así.
      Mañana saldrá, sí, otra vez el sol. Y vuestras hijas tendrán, además, la ocasión de gozar de la luz de la sonrisa y el cariño de sus padres. Como cada día… Hasta la eternidad.
      Ojalá a todo el mundo le pasase lo mismo…
      Vuestra madre sembró lo que ahora recoge: amor del de verdad. Y un ejemplo que la hace referente.
      Seguro que ya Descansa en Paz.
      Un abrazo muy fuerte para todos y muchas gracias, una vez más, por tan precioso comentario.

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  6. ¡Qué bonito!
    Como comenta Mariano Calabuig, esta carta se convierte para mí en un modelo de vida que hay que tener a mano, para leer y releer de forma continuada. Como les ha ocurrido a los demás me ha encogido el corazón, y me ha producido una enorme admiración. Cuánta gente anónima con vidas ejemplares que aportan tanta luz… Esto me hace reflexionar sobre la importancia de compartir experiencias, como habéis hecho Emilio y tú… Somos muchos los tocados por las ondas producidas por la carta. También me hace pensar la grandeza del amor de un padre. Ante su inminente final, hace un esfuerzo para recordar a su hijo el sentido de la vida, la esencia de la felicidad. Él se va, pero le deja el legado más importante.

    ¡Qué serenidad aporta esa visión trascendente de la muerte! Sólo importa el amor: el que uno da y el que recibimos del Padre, que no racanea nuestro salario si recibe nuestro afecto. Efectivamente, a pesar de nuestra fragilidad hay que aprovechar el tiempo de la mejor forma que seamos capaces, para disfrutar del abrazo del gozo eterno.

    Muchas gracias José y Emilio
    Un abrazo enorme

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    • Muchas gracias a ti, Natalia! Cuánto disfrutamos de tus atinados comentarios todos los que leemos Dame tres minutos! Y siempre tan generosa…
      Nos haces reflexionar y completar nuestras impresiones… Por eso tus comentarios son un gran regalo, en este caso, especialmente para Emilio y para mí. Un abrazo muy fuerte para ti y los tuyos!

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    • Buenas tardes, Lola. Muchas gracias por el amable comentario y por ese “ojalá”. Trabajaremos todos hacia ese objetivo. Y si no todos… los más que podamos. Un saludo cordial

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  7. Soy Ateo. La carta, sacando las menciones a lo divino, me parece correcta. Tambien tengo hecha a mis hijos una que espero les sea útil, donde pido disculpas por lo que habré hecho mal. Los hijos no vienen con Manual de Instrucciones…Y los padres hacemos lo mejor que podemos y lo que nos toca hacer: dar ejemplo y educar y luego dejar volar. Un cordial saludo desde Barcelona.

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    • Buenos días, Fernando.
      Muchas gracias por su comentario. Tiene usted razón en lo de dar ejemplo y educar…
      Como yo soy católico (muy mejorable…) y quiero ser agradecido, permítame que hoy piense ante mi Dios en usted y los suyos. Es lo mejor que puedo hacer. Y ofrecerle mi amistad. Un saludo muy cordial de un nieto de catalán e hijo de catalana

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