La importancia de descubrir a Dios a nuestro lado

Hoy quiero hablarte de la importancia de descubrir a Dios a nuestro lado.

En Dame tres minutos hablamos de todo: ¡incluso de cosas importantes! Ya ves…

Déjame que te cuente una historia real

Acercaba en mi coche, hace unos días, a mi hijo y a un amigo suyo. Cargados de maletas, nos dirigíamos a la estación de ferrocarril.

Como a veces ocurre en estos casos… atasco.

Más vale que uno es previsor (y que los otros dos tenían muchas ganar de dejar la ciudad…). Íbamos sobrados de tiempo para hacer un desvío y evitar el tapón.

Una buena oportunidad –la ocasión la pintan calva– para intercambiar reflexiones con estos chavales… De esas que no abundan, salvo que las busques.

Hablamos de lo divino y de lo humano. Literalmente

Soy de los convencidos de que una parte de esta juventud –y no solo ella- tiene hambre de Dios. Aunque, a veces, no se dé cuenta. No les llena el enfoque materialista: solo a ras de tierra. No sacia su sed.

Con tanto respeto humano de por medio -y “de por miedo” o, al menos, falso pudor-, puede ocurrir que los padres nos volquemos en que nuestros hijos aprendan muchos logaritmos y mucho inglés (y no está nada mal); pero les hurtemos lo trascendental.

Eso, para cuando sean mayores. Si eso.

Y, cuando son mayores, no saben ni quién era Moisés. Ni, a veces, les importa.

Han perdido sus raíces:

Se les escapa la belleza en su significado pleno de un retablo o de una catedral.

O van a una boda y no se enteran de la misa la media.

Que digo yo que a nuestros hijos los habremos bautizado para algo… ¿no?

Y hablando de bautizo: en el de Beatriz, mi última nieta, el cura nos dijo algo muy de sentido común: esta niña aprenderá a hablar, será “hablante”, porque convivirá con personas que hablan, un día sí y otro también, en su presencia.

¿Cómo será creyente y –coherentemente-, practicante?, nos preguntó.

La respuesta estaba cantada: tendrá que convivir con personas que crean y, consecuentemente, practiquen. ¡Y no solo se acerquen a la iglesia en bodas, bautizos y funerales!

Te contaba en el post “Teresa y tú, por ejemplo”, el valor de eso: del ejemplo.

Te recordaba, precisamente, la importancia de lo que hagamos.

Vamos, que no basta con solo predicar. Y que los chavales se pispan de todo: de lo que hacemos y de lo que no.

Y te subrayaba en ese post:

Miramos desde pequeños. Lo advierte K. Casey Theisen cuando afirma que “la mayoría de los niños oyen lo que dices; algunos incluso hacen lo que dices; pero todos los niños hacen lo que haces”. Ojo al dato. Los peques nos observan. Y cuando crecen lo siguen, lo seguimos, haciendo.

De ahí el consejo de Albert Schweitzer: “Haz algo admirable… puede que la gente lo imite”, ya que –añade- “dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás; es la única manera”.

Fray Ejemplo es, pues, el mejor maestro. Y si no les enseñamos nosotros, ¡ellos se lo pierden! Sí, se lo pierden ellos, pero quizás la responsabilidad sea en gran parte nuestra…

Si no les damos el ejemplo y formación que comprometimos… de esa, no nos debería lavar toda el agua del Jordán. Bueno, precisamente esa…

Solo descubrir a Dios a nuestro lado puede saciarnos

Por eso, quienes más queremos a nuestros hijos, tenemos que poner de nuestra parte para que conozcan, y traten a Dios, que está siempre con nosotros.

Y debemos hacerlo, en primer lugar, con el ejemplo.

Aunque a veces los ruidos, las prisas, o algunos ídolos de barro nos lo tapen: también a ti y a mí. O solo nos acordemos de Él, como de Santa Bárbara. Cuando truena…

O, en ocasiones, lo ninguneemos. O, peor, incluso lo rechacemos.

Te he escrito, y suena duro, lo de “lo rechacemos”; pero es verdad.

Y me viene a la mente, y al corazón, la canción de Jesús Adrián Romero: “Si hubiera estado allí”.

No te la pierdas.

El camino hacia el encuentro con Dios, no evita nuestras miserias, nuestras caídas, nuestros defectos, nuestros pecados. Los míos, por ejemplo. Ni los de nuestros chavales.

Él nos creó humanos y… libres. Falibles.

No dijo: “mis seguidores seréis perfectos”. Ni pensó que lo fuéramos a ser por mero voluntarismo. Nos conocía bien: por eso instituyó el sacramento del Perdón, en el que derrama su Misericordia y nos sana. Porque lo necesitamos.

Lo remarcaba Chesterton: “la Iglesia no es la asamblea de los puros, sino el hospital de los pecadores”.

Como nos recordaba el papa Francisco: “la Iglesia (y no se refería al edificio) es un hospital de campaña con heridos buscando la bondad y la cercanía de Dios”.

Porque sólo Dios cura.

Ese Dios, que –hecho hombre- sanó a paralíticos, ciegos, leprosos… El que expulsó demonios, perdonó pecados

El que nos redimió, por amor, con su muerte y su resurrección.

Es el amor que nos salva.

Vuelvo al inicio: al trayecto hacia la estación de ferrocarril.

No sé si el amigo de mi hijo leerá este post, porque en el recorrido abrimos un debate que… queda entre nosotros.

Pero quizás lo lea mi hijo.

O, al menos, lo he leído yo, mientras lo escribía: que tampoco me viene nada mal.

Para que no se me olvide: La importancia de descubrir a Dios a nuestro lado. Y de tratarlo.

¿Conoces a alguien a quien también le pueda venir bien leer este post?

¡Pues no te cortes y difunde! ¡Reenvíaselo! Harás bien.

¡Muchas gracias!

6 comentarios en “La importancia de descubrir a Dios a nuestro lado

  1. Gracias como siempre, por tus reflexiones. Pero me queda una duda… ¿Cómo abordaste en concreto el tema de “Dios a nuestro lado” con estos chavales? Hablando ayer con un amigo cristiano me decía algo que me quedó sonando. No siempre el ejemplo es suficiente porque con frecuencia erramos (somo humanos), por eso es importante la palabra. Y otra gran líder de nuestro tiempo decía que aunque por dentro sintamos que somos nada, que hemos fallado, aún así debemos dar el paso y hablar a los demás de la Verdad, de la Luz que viene de Dios y que da la verdadera Paz que tanto necesitamos (aunque a veces ni nos demos cuenta). En conclusión: ejemplo y palabra, palabra y ejemplo, a tiempo y a destiempo, para dar gratis lo que se nos ha dado gratis. Un abrazo.

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    • Muchas gracias a ti. Me gusta mucho una frase del santo de Asís: Predica el Evangelio en todo momento, y si es necesario utiliza (incluso) las palabras.
      Y hay otra parecida: Tus actos pueden ser el único Evangelio que muchas personas escuchen hoy.
      Obras y palabras.
      Más fácil escribir el post que vivirlo. Somos humanos…

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  2. Hola José:

    La muerte no es el final. Tampoco es la excusa.

    Esta es nuestra fe: liberadora, creadora.

    Liberadora para uno mismo, y para el mundo. ¿Como no mostrar a los demás esta salvación, este camino de alegría? Evangelizar es un acto de generosidad. Se evangeliza despertando, ayudando, cuestionando, rezando. Se evangeliza buscando la verdad, dando testimonio de lo vivido. Y sobre todo, se evangeliza amando.

    No somos perfectos, somos hijos torpes, pero nos mueve su Espíritu.

    Esta es mi pobre fe. Solo sé que soy su hija amada, y gracias a eso, me levanto de su mano.

    Hasta en mi debilidad he pensado que no puedo evitar mi Fe. Si me preguntan por qué soy creyente suelo contestar, desde niña, que no puedo evitarlo. Creo que Dios está. Él me ha dado la gracia de la fe. Incluso cuando me alejo o justifico mis ausencias y lamentos, incluso entonces, me alejo de alguien que existe conmigo siempre. En esa época de universitaria pensadora me ponía en contra de alguien que ESTÁ. Pensaba en Él como un ser omnipresente. Así que me decía , “pues sí, creo”.

    Ahora no me planteo mi fe. Dios me ha elegido para hacer milagros a mi alrededor continuamente. Y siempre me protege, me rodea de personas que me ayudan, y me da los bienes materiales e inmateriales que necesito. Me siento elegida, agraciada y agradecida, de que me haya regalado la fe y el pensamiento, de que me haya concedido la fuerza de estar con Él, en Él y junto a Él.

    Sin embargo yo soy una sierva inútil. Tengo miedo y dudo de su fuerza. Eso me impide todavía entregarme plenamente, y evidentemente, me falta fe. Le pido sabiduría y entendimiento, y siempre necesito su Espíritu que hable por mí, que me fortalezca, que actúe. Porque yo sin Él no soy nada. Y con Él soy yo.

    Coro Lucea. Saludos desde Tafalla.

    Enviado desde mi iPhone

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