Una clave para mejorar tus relaciones sociales

Hoy quiero ofrecerte una clave que te ayudará a mejorar tus relaciones sociales. Y, precisamente, con quien parece que no es fácil.

Hace poco, leí una historia. Hablaba de los dientes de león; que, en este caso, ni son dientes, ni son de león.

El diente de león, como sabes, es una planta herbácea. Suele ser considerada una mala hierba. Una que –seguro- has arrancado alguna vez, cuando paseabas por el campo; y a la que has soplado su esfera blanquecina con alegría… hasta hacer volar por doquier sus semillas, su pelusa, sus molinillos blancos.

A mi nieta Sofía, la mayor, le gusta mucho hacerlo; aunque me temo que los dientes de león pronto perderán tamaña estima en favor de los dientes… de ratón. Concretamente, de los que se le ponen al ratoncito Pérez bajo la almohada; pero… hoy no toca hablar de ellos.

Por cierto, la que comúnmente se tacha de mala hierba (y, en verdad, no es una rosa, ni un tulipán) tiene, dicen algunos, un potencial en la cocina, la medicina… Por si acaso, contrástalo, que soy lego en la materia.

Vayamos a la historia, que, si no, nos dispersamos… como aquellas herbáceas. O más.

Una clave para mejorar tus relaciones en algunos casos “complejos”

El autor del cuentecillo con el que pretendo adentrarte en esa clave era Anthony de Mello. Y, más o menos, venía a relatar esto:

Había un hombre orgullosísimo de su impecable y cuidado jardín. Hasta que un día, a su regreso de un viaje, se encontró con que su césped estaba plagado (plagado viene de plaga) de dientes de león. Por más que lo intentó, no pudo acabar con ellos. Así que no tuvo mejor idea que… (y, ahora, tú pensarás: “que llamar al Comité de Expertos”; pues no: ¡fue aún más arriba!).

No tuvo mejor idea que escribir al mismísimo señor ministro de Agricultura. Para que luego digan que los ministros no sirven para nada. Bueno, advierto que esto no era en España. Y le expuso a su señoría que había probado, infructuosamente, toda clase de remedios para erradicar la plaga. Por lo que preguntó  al señor ministro del ramo (nunca mejor dicho, tratándose de plantas) que qué podía hacer.

Y para que veas que esto es un cuento (pura ficción), ¡resulta que el ministro le contestó!

Su respuesta no sé si satisfaría al jardinero. Pero a mí me hizo pensar. Por eso quiero compartirla contigo. Parecía más de un magistro… que de un ministro: Le sugiero que aprenda a amarlos, le indicó.

Ante la proliferación de aquello que el jardinero consideraba toda una plaga indeseable, el consejo fue: le sugiero que aprenda a amarlos.

En ocasiones, nos sentimos invadidos por las malas hierbas. No encontramos en ellas nada, nada de valor. Así que, tras juzgarlas y condenarlas, nos afanamos en combatirlas, en arrancarlas, en eliminarlas.

No sé por qué me viene a la cabeza (y al teclado… y ahí va) esa frasecita que dice: Cada persona que ves, está luchando una batalla de la que tú no sabes nada. Sé amable siempre.

Porque… ¿qué pasaría si alguna vez aplicásemos en nuestro entorno, en nuestro “jardín”, la receta ministerial?

La de aprender a amar, sí.

¡Quizás valorásemos los que juzgamos malas hierbas en su verdadera esencia de criaturas! ¡Y, amándolos, los desarmásemos! ¡Y nos llevásemos una sorpresa… todos!

Suele decirse que “más moscas se cogen con miel que con hiel”. O (si no creyeras mucho en ese refrán), y en el ámbito del combate de judo, que mantener el cuerpo relajado, principalmente los brazos, permite aplicar el “principio del Ju”, ya para aprovechar la fuerza del oponente, o para hacerla pasar de largo. O sea, que la forma de ganar (te) al adversario (o de con-vencerlo), no pasa necesaria e ineludiblemente por la fuerza del choque o por el choque de fuerzas.

También suele decirse que hay que ahogar el mal a base de bien… En fin… te dejo darle una vuelta… o dos. No siempre es fácil… pero, a veces, no es tan difícil…

No sé si me he explicado bien, mal, o regular… Quizás si lees “El autismo y Specialisterne”, un post de mi blog “Dame tres minutos” (momento publicidad), empieces a entender mejor mi cariño por aquellas plantas.

No todo es lo que parece…

Nota: este post se basa casi al pie de la letra en un artículo que publiqué recientemente en la revista Mundo Cristiano. Te animo a que te hagas con algún ejemplar. O te suscribas… Te encantará.

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