Serpiente

Ahí te dejo una de mis recientes colaboraciones en Mundo Cristiano. Por si quieres echarle un ojo. O dos. Por si te pica… la curiosidad.

En mi actividad tuitera como @jiribas encontraba recientemente una reflexión del rector de la Universidad de Navarra, Alfonso Sánchez Tabernero, que decía:

“Quizás la enseñanza más clara de la historia de la humanidad es que cuando nos enfrentamos unos contra otros nuestra capacidad destructiva es ilimitada; en cambio, cuando hay respeto y ponemos en común nuestros talentos, solemos demostrar una capacidad de superación asombrosa”.

Y me tocaba escribirte. Quizás con esto te hubiera bastado. Incluso a mí. Aunque creo… que al director de esta revista, no. Y le comprendo.

Da que pensar -lo que dice el rector-. Por dar, a mí me ha dado hasta para escribir, porque me gusta cumplir -y debo hacerlo- y porque su reflexión me da pie a ello. Y sin tener que ponerme muy solemne. Que llevamos unas cuantas colaboraciones “calentitas”; especialmente, desde que reaccioné -con legítima indignación- ante los ataques a la concertada. Pero, en estos meses, quizás prefieras algo más fresco. Y voy a intentar dártelo. Sin que por ello dejes de pensar.

Creo que la soberbia y la envidia son dos venenos que generan confrontación y no facilitan la cooperación, sino -en muchos casos- esa actitud destructiva a la que aludía el magnífico rector magnífico (y valga la redundancia).

Leía hoy una fábula fabulosa cuyos orígenes o paralelismos he buscado desde Esopo hasta Juan Eugenio Hartzenbusch…

La historia dice más o menos así: Érase una luciérnaga a la que perseguía, una y otra vez, una serpiente. Día sí, día también, aquella huía del alcance del reptil, que para nada daba muestras de pensar en tirar la toalla hasta acabar con el insecto.

Al percatarse de ello, la luciérnaga se detuvo un día y dijo a la serpiente:

-Sé que no vas a parar hasta comerme, y ¡ya no puedo más! ¡Estoy agotada! En todo caso, antes de que lo hagas, me gustaría formularte tres preguntas.

La serpiente, más por curiosa que por complaciente, se prestó a responderlas.

-La primera: ¿estoy dentro de tu cadena alimenticia?

-No, no entras en mi menú habitual.

-¿Te he hecho algún mal?, preguntó la libélula.

-En absoluto, respondió el reptil.

-Entonces, ¿por qué quieres comerme?

-La respuesta fue rotunda: Porque tú brillas y yo no.

¿Cuántas serpientes hay hoy en día en nuestra sociedad? ¿He sido, has sido, alguna vez, un poco serpiente?

¡Necesitamos personas que den luz! ¡Cada uno a su medida, desde donde le toque! Y sobran envidias, soberbias…

En el fondo, entre tanta serpiente, hay muchas a las que, sí, les faltan luces. Si se pararan un poco a pensar, les ocurriría como a la manzana. ¿Y qué le ocurrió a la manzana? Te iba a decir: que te lo cuente un gusano… Te lo cuento yo.

Había una manzana que se pasaba la vida envidiando a las estrellas del firmamento. Eran su obsesión. ¡Qué desazón ver cómo brillaban aquellas, cómo se movían por el firmamento, y a qué altura! Mientras, ella, colgada de un árbol.

La manzana maduró. Y cayó por su propio peso. Había pasado toda la vida queriendo ser otra cosa…

Un chaval pobre y hambriento que caminaba por la arboleda reparó en ella y la cogió.

El chico no sabía muy bien cómo partirla. La puso sobre una piedra, tumbada con el rabito hacia uno de sus lados y, con una navaja la partió en dos.

Al separar los dos trozos, el chaval comprobó, no sin asombro, que ¡una estrella de cinco puntas aparecía en el mismo corazón de la manzana!

Así es: esa misma manzana, que había vivido apesadumbrada toda su vida envidiando cómo eran otros, no había llegado a descubrir la hermosa estrella que habitaba en su interior. Esa que solo se ve cuando uno se abre y se entrega a los demás…

Hoy tocaba cuento. Desgraciadamente, los dramas puedes leerlos a diario… y yo quería ofrecerte algo de luz.

7 comentarios en “Serpiente

  1. Buenas lecciones, como siempre. Con tu permiso, querido José Iribas, voy a decirles “cuatro cosas” a la serpiente y a la manzana.
    A la primera, que, a pesar de su fama de astuta, es idiota: si ella no tiene luz y destruye a quien la ilumina se crea un problema a si misma.
    Y a la manzana, que tampoco es muy lista ya que no sabe que gracias a una antepasada suya Newton descubrió la gravedad. ¡Anda, que si le llega a caer una estrella en la cabeza nos hubiéramos quedado sin un tema entero de Física! Perdón por las bromas; ¡Qué mala es la envidia!

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  2. Hoy te leo por primera vez. Estoy recuperando también tu reflexión acerca del silencio. Gracias por escribir y sobretodo por compartir. Hoy, para mi, fuiste libélula.

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  3. Pingback: Serpiente | Artículos del Club Sénior

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