Crea usted en lo que quiera, pero no empuje

Se acerca la Navidad cuando tecleo estas letras; en concreto, lo hago un 23 de diciembre. Acaba de aprobarse la llamada Ley Celaá. Titula ahora mismo El Mundo: “El PSOE aprueba la Ley Celaá en el Senado de forma acelerada, sin enmiendas y sin oír a los expertos”.

Sé que habrá quien coincida con lo que publiqué en julio en la revista Mundo Cristiano. Y quien no lo haga. Para ambos, mis respetos. El mismo que pido para mi libertad de expresión.

No hemos llegado -espero- a esos tiempos en que -decían dos cubanos- no nos podemos quejar. Y ahí va mi reflexión. Junto a mi deseo -para unos, para otros, para todos, de una búsqueda verdadera del bien común.

Decíamos en julio…

El que fuera presidente Clinton, del Partido Demócrata, afirmaba que -frente a quienes se recrean en alimentar el conflicto- “en el mundo real, la cooperación funciona mejor”. Es obvio que Clinton no conocía a Sánchez. Ni a Iglesias. Ni a Celaá. ¿Cooperación? Ellos son más de Maduro.

La izquierda española, que desde la oposición reclamaba consensos, y pactos, y sentido de Estado en materia educativa, tras alcanzar el poder se ha olvidado de ello. De raíz. Y pretende abocarnos, de forma atropellada -como si no hubiera un mañana- y unilateral, a un trágala. Y tramitar su LOMLOE con nocturnidad, con premeditación y alevosía. Lo hace, de inicio, con la comunidad educativa maniatada. A espaldas de los afectados. Sin debate social previo. Sin el menor talante de escucha. Y con no pocos medios de comunicación anestesiados (no hay nada que domestique más que un pesebre).

Y así, presentan la llamada “Ley Celaá”. Otra que quiere pasar a la historia. Camino lleva. Aunque no precisamente por sus aciertos.

Pero ¿qué más les da? Su CIS y su Tezanos nos dirán, una y otra vez, que el 89% de los españoles la apoyan (no conviene pasar del 90, para que esto no parezca Cuba).

Y estos dirigentes del sí es sí, no es no, sí es no, no es sí, y, a veces, es quizás, quizás, quizás, volverán a llenar nuestros oídos de palabras huecas. De demagogia.

Son expertos -es en lo poco en que lo son- en vender motos: al estilo de lo de “la vuelta a la nueva normalidad”. ¿Volver a algo nuevo? ¡Ya! Imposible. Por definición: vaya usted al DLE. Pero se dice y se repite. Hasta que cale.

Como reiteran, sin vergüenzas, lo de que “salimos más fuertes”. ¿Salimos? ¿Más? ¿Fuertes? Después de cuarenta y tantos mil muertos… a la fecha en que esto escribo. Y con España arruinada y en paro. Salimos más fuertes, dicen. A veces, creo que algunos políticos nos toman por tontos. Otras, también.

Quienes están en el gobierno tienen una clara pretensión política en materia educativa: “construir” una nueva ciudadanía que se ajuste a sus postulados ideológicos como un guante a una mano. Y para avanzar hacia su objetivo, los representantes se quieren cargar la libertad de elección de centro de sus representados. Todo por el pueblo… Pero sin el pueblo.

Van contra el pluralismo, contra la diversidad. Estos que se exhiben como relativistas pretenden imponernos sus dogmas. Sin ningún género… de dudas. Quieren fabricar votantes. No tienen ni mínimamente en cuenta lo que sabiamente afirmaba Julio Caro Baroja: “Crea usted en lo que quiera, pero no empuje”.

Para todos esos objetivos, ellos sí empujan. Y pretenden tumbar la Concertada. La misma que ofrece magníficos resultados educativos. Esa que es un bien social. Y… si hay que erradicar la religión de la vida pública, ¿cómo no minarla ya en la escuela? ¡Pero, si por quererse cargar, quieren incluso terminar con los centros de educación especial!

¿Qué con la Concertada el Estado se ahorra mucho dinero? ¡Por dinero va a ser! En la ruina en que ya estamos, ¿para qué pensar en ahorrar? A por la Concertada, pues. ¡Cueste lo que cueste! ¿Qué más da, chiqui, -que diría la ministra de Hacienda- billón que billón y medio? Peccata minuta. Y, además, paga el pueblo.

¡Ah! ¿Y que si nos cargamos la concertada -a pesar de su demanda social- estamos mandando al paro a muchos maestros? ¡No pasa nada! ¡Si no se va a notar! ¿Qué más da, si tenemos desempleados para dar y regalar?

En fin: se proponen cargar lo que funciona. Y nos ofrecen un único modelo: el suyo. Rancio: rancio porque le falta el oxígeno de la libertad. Y la sana ambición de sacar de cada alumno su mejor versión.

Nos van a encontrar. Nosotros, buscaremos el encuentro. Si ellos buscan el encontronazo, será su ir-responsabilidad.

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