“Libros para menores”, por Pedro Paricio

La próxima solemnidad de la Epifanía del Señor –popularmente conocida en España como fiesta de los Reyes Magos– pondrá fin de nuevo a otro ciclo navideño. Será la culminación del abigarramiento de las luces multicolores, las guirnaldas, los abetos cargados de adornos, la nieve artificial y la algarabía de los villancicos callejeros que durante los últimos días ha inundado calles y comercios. En las transitadas ciudades y en los sosegados pueblos, todos los componentes de estas fiestas ocuparon su lugar, a tiempo y a destiempo, en el heterogéneo ritual que configura actualmente la conmemoración del nacimiento del Hijo de Dios en este mundo de hombres.

Es el jolgorio de la Navidad y los Reyes, en el que –a pesar de las celebraciones litúrgicas, el barroquismo estético del ambiente, el consumismo social y el frenesí de la civilización actual– el mundo de la infancia adquiere un especial protagonismo. En realidad, tú y yo, por mayores que seamos, nos hacemos –todos– un poco niños en estos días. ¿Quién, ante la contemplación del belén hogareño o la inminencia de la noche de Reyes, no ha sentido la necesidad de exclamar con Unamuno (1864-1936): “Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar; la hiciste para los niños, yo he crecido, a mi pesar. Si no me agrandas la puerta, achícame, por piedad; vuélveme a la edad aquella en que vivir es soñar”? 

Son las ´fiestas´ por antonomasia de la infancia. Pero ello no es óbice para que, además de juguetes y otros regalos al uso, sea siempre un acierto obsequiarles en estas fechas con libros adecuados. En mi caso, todavía conservo los primeros volúmenes de lectura con que familiares y allegados me agasajaban en estas celebraciones del año. Son ejemplares –más desgastados por el paso del tiempo que por su uso, ¡todo hay que decirlo!– de rústicas ediciones populares, con encuadernación de tapas duras y sencillo diseño. Su interior ofrecía la amenidad de elementales ilustraciones y la emoción de peripecias extraordinarias.

En unas ocasiones, eran obras inicialmente escritas para adultos que, por su contenido y éxito, se adaptaron al mundo infantil y juvenil como auténticas joyas de la literatura. En otras, se trataba de creaciones estrictamente dirigidas a los menores. Su temática oscilaba desde las aventuras de trasfondo histórico a los relatos moralizadores, las ingeniosas fábulas, las modélicas biografías o los cuentos clásicos. El ´Robinson´ de Defoe, el ´Gulliver´ de Swift, las ´Veinte mil leguas de viaje submarino´ de Verne, los ´Cuentos´ de Perrault y Andersen… son algunos de los títulos que perviven en mi recuerdo de aquellos tiempos.

Pero fue ´Corazón´, del italiano Edmundo De Amicis (1846-1908), el que más se grabó en mi memoria. Se trataba del diario escolar de Enrico –alumno de tercer grado en una escuela municipal turinesa–, que anotaba los principales acontecimientos del curso y los momentos especiales que iban marcando su existencia. Compañeros de clase, alegrías, tristezas y demás sentimientos íntimos de este muchacho van desfilando por sus páginas, entremezclados con las cartas dirigidas a sus padres y con emotivos cuentos mensuales. Publicado este libro en 1860, no solo permite adentrarse en los entresijos del alma infantil sino contemplar la sociedad y la ideología de su tiempo, de los que constituye un verdadero documento histórico.

Este tipo de literatura –que caldeó el ánimo lector de muchos jóvenes de mi generación–, si bien fue denostado académicamente durante largo tiempo, encontró una firme defensora en la polifacética escritora Carmen Bravo-Villasante (1918-1994), que, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, tuvo numerosas iniciativas dedicadas a divulgarla y estimularla. Adelantándose a su tiempo, esta erudita madrileña abogó por la idoneidad de aquellas lecturas con el fin de fomentar la imaginación y la emotividad del menor: “Cuando se piensa que [buena] parte de la vida de un hombre pertenece a la infancia y a la juventud, no es posible desdeñar –decía– la existencia de la literatura infantil y juvenil, y más cuando esa literatura ha producido ya obras maestras”.

Por contener estos libros una pluralidad de niveles existenciales y significados culturales, enriquecen la vida del menor, le divierten, le aclaran su propia personalidad y favorecen su crecimiento. Son razones suficientes para que, en un mundo convulso como el presente –en el que a la vulnerabilidad propia de la edad se añade la derivada de los conflictos familiares, la desigualdad social o las dificultades económicas–, se contribuya a reforzar el desarrollo de niños y jóvenes mediante la habilidad lectora. Como herramienta imprescindible en su proceso educativo, no solo lo sustenta y conforma, sino que, al orientar el desarrollo actual de las capacidades del menor, prepara su futuro de adulto responsable.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .