¿Qué comemos?

Déjame que sume a Dame tres minutos otra de mis colaboraciones en “ME IMPORTAS”, de Mundo Cristiano.

¿Qué comemos?

Me lo preguntaba al poco de uno de tantos comicios recientes de los celebrados en nuestro país. Más de un político y de dos señalan, no sin razón desgraciadamente, que las campañas electorales empiezan al día siguiente de las elecciones…

En mi artículo pretendía, simplemente, subrayar que… ¡ojo con el régimen! Alimenticio.

Que cada uno elija el menú que le dé la real gana. Dicen que sobre gustos no hay nada escrito. O sí. Pero, luego, no nos quejemos (o sí…) de la digestión.

Aunque siempre es mejor construir y activarse que lamentarse por la leche derramada. Derramada, a veces, ante nuestra pasividad, como te apuntaba en “El té“.

Allá va la columna publicada en su día:

¿Qué comemos?

¿Te sorprenden algunos resultados electorales? Son, en buena medida, reflejo de la sociedad de la que formamos parte.

– Somos lo que ‘comemos’, me apuntaba un amigo. ¿Tú sabes, sin ir más lejos, qué espacios ocupan el prime time televisivo? Y me iba mencionando algunos. Perdona (o agradece, ¿para qué darles publicidad?) que los omita.

Eso -eso- es lo que no pocos consumen. Y así nos va. En más de un caso… hay que tener tragaderas. O haberse ido habituando a la comida basura. Como se acostumbraba -ella a la creciente temperatura- la rana esa que echaron en un perol de agua tibia. Un perol a fuego lento… pero constante. La rana estaba a gustito, acomodada, hasta que acabó hervida. Abrasada. Como en una parrilla… (¿televisiva?). ¡Por no saber saltar a tiempo!

Basta un ¡zap! O incluso un ‘off’. Hacerse con el mando, vaya. Y tener criterio y sentido crítico. Se trata de seleccionar medios y contenidos con los que entretenerse, informarse o formarse.

Escojamos algo nutritivo, sano: que no se nos pueda indigestar; que no nos intoxique.

Necesitamos que alimente, ¡que nos haga crecer! Porque -recuérdalo-… “somos lo que comemos”.

Acabo citando a Groucho Marx. Decía con sorna: “La televisión es una fuente de cultura; cada vez que alguien la enciende, me voy a la habitación de al lado a leer un libro”.

La idea de leer (también eligiendo bien) es muy tentadora… La revista que tienes en tus manos -recordaba- te lo evidencia. Por ello -es una sugerencia- regalar una suscripción a Mundo Cristiano (de nada, amigo director) puede ser todo un acierto. El obsequiado (y su familia) te recordarán -agradecidos-, como poco, mes a mes. Y puedes hacer mucho bien: bueno, bonito y barato.

Somos, también, lo que leemos, sí… Especialmente si -además de entretenernos- nos hace pensar.

Te animo a que difundas. A nadie tengo que decirle yo qué debe escoger; pero nunca está de más que animemos a pensar; que pensemos. Para que luego no quede nadie… desconcertado.

 

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