Educa la tribu entera

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Estos días venía pensando en ese proverbio africano que dice que “para educar a un niño hace falta la tribu entera”. Proverbio que bien puede unirse al sabio dicho de que “la palabra convence, pero el ejemplo arrastra”.

Señalaba José Antonio Marina, con ocasión de la presentación de uno de sus libros, que “todos somos responsables de la educación de los niños que se crían en nuestro grupo social” y que “todos, cada uno desde su puesto en la sociedad, debe retomar su papel y enseñar a vivir”.

Soy actualmente consejero de Educación y créeme, no trato aquí de escurrir el bulto… Evidentemente, la escuela es muy importante para la formación de cada persona. Es más, familia y escuela son dos pilares esenciales.

Pero hay otros educadores: los llamados “pares” (amigos y compañeros), el ejemplo de los mayores, el de personas llamadas a ser “referentes” por su protagonismo social, el de los deportistas, el cine, la televisión, los medios de comunicación (incluyo los digitales, las redes sociales…). Todos ellos y muchos más son -somos, también tú y yo- parte de la “tribu”.

Mi pregunta es sencilla: ¿Hacia dónde arrastramos, con el ejemplo, cada uno de nosotros?

Me ha venido a la cabeza estos días ese interrogante cuando leía indignado cómo unos pocos agentes del “orden” generaban desorden; hacían escraches ante la casa de su superior, el alcalde de Pamplona. Ante su casa y la de su familia, claro. Y se manifestaban con, al menos, dos carteles: en uno hacían referencia ¡a uno de los hijos del munícipe!; y en el otro decían algo así como “en mayo despedimos al uruguayo” (nuestro alcalde nació en Uruguay…  a donde sus padres habían tenido que emigrar). Como ven todo muy  “cívico y  educativo”… Unos  hechos agravados por la autoridad de la que están investidos (y diariamente vestidos) sus protagonistas, los agentes. Y, pensaba… ¿desconocerán los del escrache la diferencia entre auctoritas y potestas de la que nos hablaba el profesor D’ Ors ya en primero de Derecho? ¿Les importará un pito? Afortunadamente son una minoría.

También venía a mi mente al pensar en la tribu el padre que, con un niño sobre sus hombros, se dedicaba a soltar improperios al paso de algunos ediles en la procesión en honor a nuestro patrón; y a injuriar a la máxima representante de la ciudad, llamándole “¡p***!” a viva voz. ¡Qué ejemplar!

Y recordaba otra situación vivida cuando tuve ocasión (no diré fortuna) de presenciar cómo un individuo exhibía ante su pequeño (no tendría éste más de 5 años) su “antológica” capacidad de eructar larga y poderosamente…

A pesar de este trío de insensateces, tan concretas como reales, déjame que te subraye mi pleno convencimiento, en todo caso, de que la mayoría social la conforman personas respetuosas, alegres, responsables, cívicas… que -con virtudes y defectos- tratamos de acertar cada día y de sacar adelante a nuestra familia y nuestra sociedad.

Soy consejero de Educación, sí; pero te lo digo con claridad y sin complejo: no será fácil educar sin ti.

Necesitamos tu ejemplo -que arrastra-. Recuerda: educa la tribu entera.

Nunca te olvides (seas padre o no, seas profe o no) de que eres educador. Y de que contamos contigo.

En este vídeo tienes un ejemplo: Ni profes, ni padres. ¡Y cómo nos educan!

Está en juego el futuro de nuestros hijos. ¡Y lo vamos a ganar!

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