La vas a liar

miguel

‘A veces los motivos que te llevan a seguir adelante te acompañan siempre; y siempre a tu lado’. Inmaculada Sibon.

Haz doble clic en la fotografía del post; pon el sonido y la oreja y escucha…

En este caso, ‘el motivo’ que impulsa a Inmaculada se llama Miguel. Y es su hijo.

Inmaculada difundió recientemente un vídeo en una red social (Lo puedes ver completo aquí).

Ver la cara de Miguel (un buen amigo, un gran chaval) y, sobre todo, escuchar sus palabras me hizo pensar.

Conocí a Miguel cuando yo era consejero de Educación de Navarra. Mantuve un encuentro personal, en su instituto público, con él y otros chicos de su edad y circunstancias, que quisieron reunirse conmigo; para plantearme, desde sus diferentes capacidades, sus necesidades educativas.

Estuve con ellos (y solo con ellos -aquello fue una gozada-) alrededor de dos horas. Creo que es la ocasión en que más veces escuché “por favor, gracias, disculpe” en mis cuatro años de mandato. Se me quedó grabado.

Hoy sigo la evolución de Miguel, y la del resto de sus compañeros, tan personalmente como puedo.

Miguel nació en Almería a finales de 1991 y vive en Pamplona desde 1999. Hoy estudia 2º de ESO y -me lo recordaba ayer- sigue progresando en lo que le apasiona: la informática.

Miguel quiere conjugar estudio y trabajo. Necesita -y desea- trabajar. Me pedía ayer que te lo contara, a la vez que me hacía llegar su currículum.

Además de la informática, Miguel tiene otras aficiones: la pintura, la natación, el teatro…

La actitud de Miguel ante la vida es la que se refleja en una frase propia: ‘Sé que me cuesta moverme, pero puedo controlar el equilibrio. Y si me caigo al suelo, me levanto’.

Ojalá todos fuéramos conscientes de nuestras limitaciones (todos las tenemos) y mantuviéramos su actitud. ¡Cuánto podemos aprender de él!

Vayamos al vídeo

Si haces doble clic en la fotografía del post podrás escuchar lo que nos plantea Miguel.

Y si quieres, además, conocer otros testimonios, te remito al vídeo completo: lo puedes ver en el post que publiqué en su día bajo el título Una educación abierta al voluntariado“.

Te sitúo:

Miguel era voluntario de la Fundación Core. Y lo era a través de Tantaka (el banco de tiempo solidario de la Universidad de Navarra).

Déjame plasmar por escrito algunas de las reflexiones que nos planteaba Miguel de viva voz:

Doy mi tiempo todos los martes… Que no me cuesta nada, que son cinco minutillos -se refería al desplazamiento- y, de momento, estoy llevando el blog, o sea la identidad digital. Y voy durante dos horas todos los martes. Encantado, porque, en eso, puedo ayudar. En lo que no puedes, no ayudes, porque la vas a liar…”.

Y continuaba señalando: “Ponte en el lugar de las personas que no tienen nada, pues, jobar, ayúdales como puedas. Hay gente de la fundación que ni sabe ni leer ni escribir. ¿Son tontos? No, no, no. No son tontos. Les cuesta, que es diferente. Es muy diferente -remarcaba-. Pues ya está: ayúdales. Para que no les pase… esto”.

Las palabras de Miguel apelaron a mi conciencia. Y estoy seguro de que a la tuya.

Y me recordaron las de su madre: “A veces, los motivos que te llevan a seguir adelante te acompañan siempre y siempre a tu lado”.

Y concluía ella -como hubiese afirmado el mismísimo general de Gaulle en este post que publiqué en su día-: No rendiros jamás.

Miguel, desde su enorme corazón, nos hace pensar:

1.- En que tenemos que ser más generosos, más solidarios, aunque nos cueste. O, precisamente cuando nos cuesta.

Recuerdo a la Madre Teresa de Calcuta. Un periodista le señalaba, viéndole atender a un anciano en las peores condiciones: “No haría esto ni por un millón de dólares”. A lo que ella replicaba: “Tampoco yo. Lo hago por Jesús”.

A nosotros no se nos plantean situaciones tan duras…

2.- En que esa generosidad ha de plasmarse desde la alegría -interna y externa- y la constancia:Y voy, durante dos horas todos los martes, encantado, porque, en eso, puedo ayudar”.

3.- En que jamás hay que mirar “de arriba  a abajo” a quien ayudas (afirmaba Gabriel García Márquez: “Un hombre solo tiene derecho de mirar a otro hacia abajo cuando tiene que ayudarlo a levantarse…”).

No hay que mirar con engolamiento, con sentimiento de superioridad: “¿Son tontos? No, no, no. No son tontos. Les cuesta, que es diferente. Es muy diferente”.

¡Cuántos poderosos -políticos, empresarios etc., pero también tú y yo, desde nuestra posición, sea esta cual sea- deberíamos aprender a servir y, además a hacerlo, con sencillez, con discreción, sin buscar ser vistos!

Y ello con un único objetivo, el que apela al corazón y lo señala Miguel: “Pues ya está, ayúdales. Para que no les pase esto”.

Concluyo con unas palabras de Miguel… esta vez de Unamuno, que se han repetido estos días en las redes sociales

“Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar… La hiciste para los niños, yo he crecido, a mi pesar… Si no me agrandas la puerta, achícame, por piedad… Vuélveme a la edad aquella en que vivir es soñar…”.

Decía Picasso eso de que lleva mucho tiempo crecer hasta convertirse en un niño… pero, vuélveme a la edad de mi amigo Miguel -aunque no me quites ni un año-. O mantenme cerca de su espíritu. De ese que te lleva a seguir adelante. Ah y si puedes encuéntrale un trabajo. Se lo merece.

Como concluye el vídeo tenemos tiempo para cambiar las cosas.

¿Y ganas? ¿Tenemos ganas? ¡Seguro que sí!

¡A por ello! ¡Gracias, Miguel! ¡La que vas a liar!

 

 

 

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