‘Incorrección política de la fe católica’, por Pedro Paricio

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El pasado 23 de agosto se cumplió el 90 aniversario de la fundación de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, decana de los cursos de verano en España y foco de intensa actividad académica y cultural. Su alto nivel intelectual, junto a la belleza de sus instalaciones y del entorno natural de la bahía en que se aloja, la han convertido en centro universitario de referencia. Alentado por estas circunstancias, en agosto de 1994 me desplacé a Santander para asistir como alumno a un seminario sobre la integración democrática de Europa Oriental, presidido honoríficamente por el general Jaruzelski, último presidente de la Polonia comunista.

Nada me decepcionó en aquella visita a la tierra del insigne polígrafo que da nombre a aquel recinto de saber. Aunque desde joven me había atraído la obra de este cántabro universal, he de confesar que fue en mi madurez cuando contemplé su figura como modelo de lucha intelectual contra la actualmente denominada ´corrección política`, fruto de la confusión ideológica y moral de nuestros días. La institucionalización colectiva de esta actitud ha instaurado una tiranía de cristal: la que impone su interpretación de las cosas hasta el punto de decidir arbitrariamente qué es el bien y el mal, establecer la hegemonía de sus dogmas y anular toda contestación que atente contra los intereses de la ortodoxia de la organización dominante.

Además de falsear la realidad, envilecer la sociedad y plantear un grave problema de convivencia, la introducción masiva de esta perversa forma de censura decide con sutileza los asuntos sobre los que –al menos públicamente– no se puede discrepar. Uno de ellos es el de la relevancia de la fe católica y su aportación al desarrollo de la nación española. Sin embargo, no es ésta una cuestión controvertida cuya incorrección política sea exclusiva de nuestros días. Ya en el siglo XIX fue motivo de polémica pública entre Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) y un grupo de exaltados especialistas en la obra de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), que, siguiendo la actitud anticatólica y anticlerical de la mayor parte de la intelectualidad de la época, compartía la idea de que el atraso cultural de nuestro país tuvo en la Iglesia una de sus principales causas.

Aconteció en 1881, con motivo del bicentenario de la muerte de Calderón. Acudieron a la conmemoración muchos profesores nacionales y de diferentes países extranjeros. Reunidos en el madrileño Parque del Retiro celebraron un banquete en su honor. Sin reparar en ello, se brindó exaltando ideas opuestas a las del autor de ´La vida es sueño` e, incluso sin disimulo, se mostró un claro sectarismo anticatólico. Las miradas se dirigieron entonces a Menéndez Pelayo. Obligado a intervenir, el joven, a pesar de la mayoría aplastante de asistentes incrédulos e indiferentes, dio testimonio de sus convicciones católicas y españolas.

“Brindo –dijo el sabio montañés– por lo que nadie ha brindado hasta ahora: por las grandes ideas que fueron alma e inspiración de los poemas calderonianos. En primer lugar, por la fe católica, apostólica, romana, que en siete siglos de lucha nos hizo reconquistar el suelo patrio… [Ella] es el sustantivo, la esencia y lo más grande y lo más hermoso de nuestra teología, de nuestra filosofía, de nuestra literatura y de nuestro arte… Brindo por todas las ideas [y] los sentimientos que Calderón ha traído al arte; […] con los cuales nos enorgullecemos y vanagloriamos nosotros, los que sentimos y pensamos como él”.

Ante el galimatías social que ha provocado la actual corrección política en esta materia, no cabe sino una reconstrucción histórico-ideológica de la cultura española. Solo ella puede hacer frente a la cristofobia contemporánea y evitar así la caída –descrita por el genio santanderino– en “el lento suicidio de un pueblo que, engañado mil veces por gárrulos sofistas, emplea en destrozarse las pocas fuerzas que le restan, y, corriendo tras vanos trampantojos de una falsa y postiza cultura, en vez de cultivar su espíritu propio, hace espantosa liquidación de su pasado, escarnece a cada momento las sombras de sus progenitores y reniega de cuanto en la historia lo hizo grande”. ¡Hoy como ayer! Nada nuevo.

3 comentarios en “‘Incorrección política de la fe católica’, por Pedro Paricio

  1. ¿¿¿¡¡¡He leído bien???!!!! ¡¡¡¿¿¿Lo he entendido bien???!!! ¡¡¡¿Nombraron presidente de Honor de un curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo al general Jaruzelsky?!!!! ¡¡Estamos hablando de unos de los peores dictadores del bloque soviético, que sometió al pueblo polaco a una terrible opresión y a la Iglesia católica a una feroz persecución!!

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