Entregados al bien común

Por Dame tres minutos han desfilado desde Confucio a Rabindranath Tagore, pasando por Aristóteles. O desde Don Bosco a Sir Francis Bacon. Y (en más de una ocasión) Churchill o… el papa Francisco. Hoy te traigo a un sacerdote.

Me viene bien para recomendarte un libro; y para iniciar una reflexión (que sirve a creyentes, agnósticos o ateos) sobre la importancia de vincularse a los demás y de entregarse, de forma corriente, al bien común.

Hoy inicio la entrada del blog hablando de Pablo Domínguez, una persona, un sacerdote, tan joven en su vida como en su muerte. Allá, en su última cumbre.

Te dejo un vídeo suyo. Hay más en YouTube.

“Dos montañeros mueren tras despeñarse en el Moncayo”

Fue un titular de febrero de 2009 en no pocos periódicos españoles.

Uno de los fallecidos era Pablo, sobre quien luego giraría la película-documental La última cima”.

Hace escasos meses, con ocasión de unas charlas formativas de la Fundación Botín en el marco de su programa Educación Responsable”, tuve la oportunidad -y fortuna- de conocer a José Manuel Domínguez, su hermano. Un ponente imponente. De lujo. Otra “astilla” -seguro- del mismo “palo”.

Te dejo aquí una de sus conferencias, para que la disfrutes con tiempo.

Volvamos a su fallecido hermano Pablo:

Hoy, cuando sabía que te debía post, me ha dado por sacar de mi biblioteca este libro: Hasta la Cumbre. Testamento espiritual” (Editorial San Pablo). En él se recogen sus últimos Ejercicios espirituales. Los que dirigió en el Monasterio de Tulebras (Navarra -mi tierra-) entre el once de febrero y… el mismo día de su muerte, el quince.

A su salida -ese día- del monasterio, por cierto, al despedirse de una de las monjas cistercienses, le comentó bromeando: Nos vemos el martes en la Facultad… (era decano de la de Teología de San Dámaso). Bueno, si no descarrila tu tren o no me estampo yo…

A Pablo Domínguez -y así se recoge en el libro citado- la muerte le hacía pensar. Y hablar.

Hoy, este mundo pretende eludirla, como si por no nombrarla, pudiéramos evitarla. A veces parecemos pensar que cuando “toca” siempre le toca a “otro”. Error.

Vuelvo al libro. Reflexionaba y advertía este sacerdote: Suplico al Espíritu Santo que nos conceda mirar ahora en nuestra vida con los ojos y el corazón que tendremos en ese momento último y definitivo. ¡Lo que en el momento de la muerte tiene importancia, la tiene ahora! ¡Lo que en ese momento sea accidental, también lo es ahora!¡recordadlo!

A Pablo Domínguez le cautivaba la montaña, desde donde se contempla buena parte del paisaje, de la creación. Sin duda, donde él se sentía muy cerca del Cielo.

Particularmente -y como cura montañero- reflexionaba sobre esos ascensos a la cumbre que uno hace “encordado”. Aquí jugaba a la metáfora de que -como en la cordada, como en la Iglesia, como en la vida- de una u otra manera todos vamos unidos, vinculados.

De esa unión quiero hablarte hoy. Porque de una u otra manera todos compartimos lazos, cuerdas, formando parte de un conjunto, de una amplia red. Somos, sí, personas, pero como tales somos seres sociales “por naturaleza”. Como creo que diría mi buen amigo José Fernando -espero interpretarle bien- somos unos con otros. Y sin otros no seríamos lo mismo; ni cuantitativa, ni cualitativamente. Estamos enredados, vinculados, somos -sí- individuos, personas… que formamos parte de una “masa social” -digo-. No me gusta este término, pero me viene bien lo de “masa” a efectos de lo que te diré ahora.

Con levadura o con… sal

Te hablaba de masa y ahora te añado que hemos de ser conscientes de que -permíteme aquí una metáfora gastronómica- hemos de ser también levadura que la haga crecer y esponjarse.

O, si lo prefieres, en el potaje social en el que vivimos, hemos de ser sal.

Debemos -fermento o sal- saber entregarnos, darnos, para ayudar a un mejor resultado final, siempre al servicio del bien común.

¿Qué tiene, por cierto, de bueno la sal?

¡Tantas cosas en su dosis adecuada!

Por ejemplo: pone en valor el sabor de los alimentos. Como señalaba en un medio de comunicación una experta nutricionista, “sus moléculas modifican las del alimento (que la recibe), cambiando la composición química del mismo”. “El resultado -reseñaba la crónica periodística– es un sabor potenciado, más sabroso y atractivo para el paladar”.

¿Sabes? Hay algo que me atrae especialmente en relación con la sal -esa que podemos ser tú y yo-: No se ve; pero se nota. Actúa más allá de cualquier mirada, calladamente, sin protagonismos. Con discreción, pero con eficacia. Sabe que debe estar ahí, modestamente, sin hacerse notar en exceso: ello arruinaría el resultado. También su ausencia.

Y tengo otras bien distintas razones para apreciar la sal. Te apunto alguna:

  • La conocida habitualmente como sal es precisamente la sal “común”. Todo un ejemplo de modestia: no solo no se deja ver en los alimentos, sino que incluso es humilde en su denominación. Para ayudar, ordinariamente no hace falta ser extraordinario.
  • La sal no solo potencia el sabor, puede “curar” o conservar muchos alimentos que, sin ella, perecerían. Tiene usos alimentarios.
  • También tiene otros beneficios o sirve a otros fines: desde industriales hasta de seguridad vial.
  • Por gustarme, me hace gracia hasta su fórmula química, que casi parece decir “nací”: NaCl. Que podría ser algo así como “para esto he venido”.
  • Y coincido con el poeta Khalil Gibran en que “debe de haber algo extrañamente sagrado en la sal: está en nuestras lágrimas y en el mar”. Por cierto, este autor ya fue citado en el blog, aunque no por mí. Concretamente por EfectiVida en su post ‘Creatividad máxima nivel niño’.

Concluyo para que pienses. Y yo.

Hoy en el post hemos pasado de la montaña al mar, entre cuerdas y redes… Y acabamos con las lágrimas a las que hacía mención Khalil: esas que, con sabor a sal, expresan, sin palabras, las emociones más profundas del ser humano. Ya sean de dolor o de gozo. O de ambos dos.

Finalizo con una pregunta que me hago (y te formulo):

¿De qué eres fermento o sal allí donde tú te mueves? ¿Hasta dónde te entregas en tu compromiso con la sociedad de la que formas parte?

Puede ser un compromiso tan grande como discreto… Como bien señala L.G Lovasik en El poder oculto de la amabilidad, la grandeza interior de una persona suele probarse no por cómo actúa cuando la mirada de los demás está puesta en ella, sino por lo que hace calladamente -como la sal, como la levadura, añado- y con constancia.

Con esa constancia necesaria y exigente… para llegar a alcanzar las cumbres más altas. Encordado a los demás.

(Oye, hablando de amabilidad… ¿me ayudas a difundir? Harás bien).

8 comentarios en “Entregados al bien común

  1. Buenas tardes José,

    Tomo nota de esas charlas mencionadas y añado los títulos de los libros que mencionas.
    Efectivamente hay personas excepcionales en el mundo. Y por excepcionales me refiero a un tipo de personas caracterizadas por tener ciertos rasgos que a simple vista los hace diferentes del resto de las personas.

    A pesar de citar unos cuantos en tu post he pensado en Nelson Mandela con su voluntad férrea, su responsabilidad y su capacidad de liderazgo. Lo que más me marcó fue el poema que le sirvió al líder africano a mantener la fortaleza en el tiempo en que permaneció encarcelado. “INVICTUS” escrito por William Ernest Henley. El sentido de este poema lo encontró Mandela en la cárcel (superación de la adversidad y fortaleza del espíritu).

    Y quería terminar hablando también del poeta persa Hafez de Shiraz conocido en Irán como en Occidente por sus poemas de amor hacia las gentes sencillas y la búsqueda de la eternidad relacionada con la vida cotidiana.

    Y por supuesto no olvido compartir, como buena persona.

    Un saludo y buen fin de semana,

    Norma : )

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  2. Buenas! Aquí Jaír, de EfectiVida.
    ¡Qué bueno leerte! Siempre haces pensar, y eso es bueno. Además, siempre tienes un tono amable, que hace que tus letras resuenen en la mente y provoquen una sonrisa mezclada con calma.
    Lo cierto es que las palabras se las lleva el viento, pero los actos permanecen. No nos recordarán por lo que dijimos, sino por lo que les hicimos sentir. Es como lo que comentas de la sal, sencilla pero eficaz, repartiendo buen gusto, y conservando la paz. Ojalá nuestras acciones tengan un efecto parecido en otros.
    Muchas gracias por tu artículo.
    Y gracias también por la mención.
    Por cierto, impresionante la frase del final!
    Un saludo desde Las Palmas!

    Le gusta a 1 persona

    • Muchas gracias, una vez más, por tu generosidad y tus palabras, Jaír. Siempre aprendo algo leyéndote. Y te aseguro que es muy agradable!
      Un abrazo y buen fin de semana,
      José

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