¿Qué dijiste que eras?

No sé si leíste mi último post: ¿Eres ventana o espejo?

Te aconsejo que lo hagas. Te facilitará comprender el que ahora mismo tienes delante de tu pantalla. Si no, a lo mejor no te enteras de la misa, la media. Lo que te escribí -por cierto, ya que hablamos de misa- no iba de católicos, sino de un rabino; aunque era un mensaje abierto a creyentes o no.

Por resumirlo: el rabino venía a decir a un joven rico (‘con mucha plata’) que un cristal, limpio, -el de la ventana- deja que tu mirada se pose en los otros. El espejo, también de vidrio… pero cubierto en su parte posterior por una fina capa de plata bruñida, hace que solo te veas a ti. 

En la anterior entrada del blog, con ocasión de esta metáfora, aproveché para charlar contigo sobre varias cuestiones. Entre ellas:

  • Una, el egoísmo, el materialismo, el super ego en el que hoy vive una parte de nuestra sociedad. Afortunadamente, no todos: hay grandes ejemplos de personas de a pie, sencillas, entregadas, generosas, solidarias, comprometidas. Pero impera una tendencia al tenerincluso al aparentarantes que al ser; y vivimos la época del super selfi; de que me den muchos likes a mí). Hablábamos del espejo.
  • Otra, la vital importancia de centrar la mirada en los demás… Aludíamos al vidrio transparente de una ventana.

Hay quien puede haber leído aquel post y, con razón o sin ella, se ha venido arriba. O abajo. Y se ha autoetiquetado’. Mal: las etiquetas son para los objetos, no para las personas.

Por todo ello, para que nadie saque conclusiones indebidas y -lo confieso- por tomarle un poco el pelo a quien fraguó la historia del rabino, hoy quiero facilitar una visión matizada de los espejos; y de los vidrios. 

Así que, con permiso del rabino -y tuyo-, me permito hacer de abogado del diablo:

¿Creías, orgulloso, ser más una ventana cristalina que un espejito y… narcisista?

Pues, ojo. Si te has creído vidrio transparente, ese que hace posible que uno pueda posar la mirada en los demás, nunca olvides que hay más de uno y de dos… que no necesita espejos para centrarse en sí mismo y olvidarse de los otros.

El vidrio habitualmente, es cierto, está destinado a que podamos apreciar lo que está ‘más allá de sus fronteras’. Mas allá de una ventana, en un escaparate…

Pero no me niegues que en no pocas ocasiones aprovechamos el cristal, no para fijarnos en lo que sucede fuera de nosotros, sino para observar nuestro reflejo en él. 

Hay muchas personas que miran, sí, lo que se exhibe en el interior de los escaparates.

Pero las hay también que, además de echar un vistazo ‘al panorama’, dan uso al cristal de esos grandes almacenes, o al de la entidad de ahorros o al de… para verse reflejadas en él: qué bien me veo hoy, qué pinta tengo… o qué pelos llevo: Primera persona del singular.

O sea, vidrio transparente, sí. Pero utilizado para ver-se: ¡Como un espejo! 

¿Ves tú cómo no había que venirse muy arriba cuando uno se creía cristal de ventana?

¿Y aquellos que se sintieron egoísta espejo?

Otras personas, al leer el post anterior, se habrán sentido demasiado ‘espejo’ (yo-mi-me-conmigo: solo me veo a mí mismo -y a mis circunstancias-).

Son los que -con mayor o menor motivo, o incluso carentes de él- se ven demasiado Narcisos. Y claro, todo su gozo… en un pozo.

Quisiera indicar a estos últimos un par de cosas: 

—La primera idea es que, como en el caso de los que se creen ventanas, en más de una ocasión, nos juzgamos mal a nosotros mismos (a fin de cuentas, somos juez y parte).

Incluso, en el supuesto de los espejos, podemos hacerlo mal y con dureza. Nos miramos en uno cóncavo o convexo, y creemos que ‘es lo que hay’. ‘Yo soy así. Y punto’. Y no suele ser exactamente así.

Por eso, siempre es recomendable que alguien que te conoce bien y que te aprecia, te ayude a orientarte. 

  1. Antes, un director espiritual podía hacer maravillas. Ahora también. Muchos se han olvidado de ello y recurren, de primeras, al punto 3.
  2. Una gran ayuda puede ser la de algún amigo solvente, con criterio, de los de verdad (esos que se pueden contar con los dedos de una mano). Señala bien un proverbio que el mejor espejo es un ojo amigo.
  3. A quien lo precise, también tiene a mano profesionales que, con su ciencia y experiencia, le pueden ayudar.

—En todo caso, aquí va la segunda idea para quienes se sienten espejo. Es verdad, como escribía Oscar Wilde, que hay que cuidarse de los espejos con mucha sed de imagen. 

Mas, dicho esto, según como orientes tu función, tu ubicación, puedes ser un espejo de gran utilidad para los demás: hay espejos retrovisores en los automóviles, por ejemplo. Buscan que veas lo que no se aprecia desde el cristal del transparente parabrisas. Hay otros, colocados como señales, en curvas o cruces complicados, apuntando allí donde pueden ocurrir situaciones que nos quedarían ocultas de no disponer de tales espejos: con los consiguientes riesgos y peligros.

Y, finalmente -por cerrar el post, pues los usos del espejo pueden ser infinitos- hay espejos que, bien orientados, reflejan la luz y la lanzan más allá de sí mismos. ¡Y cuánta luz directa o ‘de rebote’ necesitamos los demás!

Son espejos que sirven para poner en valor realidades que quedarían ocultas de no ser por ellos. Espejos que -siendo pobres en sí mismos, los de la fina capa de plata bruñida ya no abundan- reflejan la luz o el color ajenos que -sin ellos-, podrían ser inaccesibles para muchas personas.

Y así llegamos a las conclusiones

1.- Espero que el rabino me perdone. Su historia sigue teniendo mucha miga, pero… toda regla tiene sus excepciones. Y hay muchas cosas -la gran mayoría- que no son buenas o malas en sí, sino de acuerdo al uso que les des.

2.- Eres como eres, sí: pero no te juzgues solo tú (y quiérete bien -no menos que al prójimo-). Y, siendo así, no te vengas muy arriba; ni te hundas: no te condenes.

3.- Trata de mejorar (eso siempre es posible). Y de servir, de ser útil a los demás. Si no sirves, ¿de qué sirves? Y recuérdate (espejo o cristal) siempre frágil.

4.- Seas cristal o espejo… si crees que este post puede ayudar a alguien, ¡refléjalo! Haz que lo vean otros. Basta, para ello, un simple retuit o un compartir. Harás bien. 

¡Muchas gracias!

Post Data: Oye, ¿y tú qué dijiste que eras?

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2 comentarios en “¿Qué dijiste que eras?

  1. Buenas tardes José,

    Felicidades por la redacción y la riqueza de este nuevo post. Provoca la reflexión del lector y es muy interesante.

    Me han venido tres cosas a la cabeza:

    1.- El libro “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde a quien citas en este post.

    2.- La frase célebre de Quevedo que se dirigió a la reina Mariana de Austria quien se percató o no de la ironía de su frase “Su majestad es-coja, entre el clavel y la rosa”. Reina que no consentía que nadie la ridiculizara por su cojera.

    3.- El volcarnos más hacia los demás tiene muchos beneficios: mejora la salud, se vive más tiempo, se siente más útil, disminuyen los síntomas de depresión. No hay que subestimar la influencia que puede llegar a tener una persona en la vida de otra.

    Y quisiera terminar compartiendo esos refranes tan sabios y tan bonitos:

    “El espejo no sabe mentir, lo que le dijeron ha de decir”
    “Con un trago y un poco queso, engaño hasta el espejo”
    “Carne sobre hueso, reluce como un espejo”
    “El espejo y la amistad siempre dicen la verdad”
    “El mundo es como un espejo, si le pones mala cara se te reirá a tus narices”.

    Buen fin de semana,

    Norma : )

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