‘Liderazgo y personalidad’, por Mª José Calvo

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Hoy viene a prestarnos una parte de sus reflexiones Mª José Calvo:  ella tiene su propio blog: optimistaseducando.blogspot.com

Puedes verla y conocerla allí, o en las redes sociales: por ejemplo, como @Mariajoseopt

No es la primera vez que tenemos la suerte de contar con ella en Dame tres minutos. Confío en que tampoco será la última.

Le doy las gracias por su generosidad con todos quienes nos leen y… te dejo con ella. ¡Síguela! Y lee despacio. Acertarás.

Suya es la palabra:

¡Qué importante es cultivar la personalidad de cada uno…! La nuestra, y la de nuestros hijos.

Cada persona es única y singular. ¡Singularísima! Ayudarles a formar su personalidad es hacer una obra de arte, porque consiste en descubrir cualidades y talentos específicos, y seducir con la belleza de los valores humanos, hechos vida. Este es el auténtico liderazgo.

Los grandes filósofos griegos, con Aristóteles y Platón en vanguardia, consideran vital enseñar a tener buen gusto por lo bello. Es decir, reforzar las acciones nobles de cada persona. Se trata de descubrir y potenciar todo lo bueno, “extraer” y sacar a la luz todas las riquezas ocultas en ella. En la propia, y en la de los que tenemos cerca: familia, amigos…

Se precisa pensar, dedicar tiempo, poner nuestras mejores ideas y capacidades, hacerlo vida y concretarlo. Señalar fortalezas, motivar, adquirir hábitos y virtudes que den autonomía en el obrar y nos ayuden a ser más y mejores personas…

No es algo trivial, ni que se consiga a la primera; requiere esfuerzo y lucha constante, teniendo a cada persona como protagonista de su propia aventura. ¡Merece la pena todo esfuerzo!

A- Temperamento

Partimos de lo heredado, de lo biológico: la naturaleza. El temperamento de cada uno. Así, ir desarrollando, formando, “acuñando”, el carácter y la personalidad.

Descubrir los talentos de cada uno, que se vislumbran con una mirada cariñosa. Aquellas características en las que es especial, para hacérselo notar, apoyarse en ellas y desarrollarlas. También aporta una saludable autoestima, basada en el afecto de las personas cercanas.

Además, al desarrollar esas cualidades y fortalezas, otras muchas relacionadas también emergen, y compensan debilidades… Sin estar remachándolas todo el día: no vayamos de pesimistas y perdedores. Es la forma de ir perfilando el carácter de cada uno.

La singularidad que nos diferencia de los demás es lo que hay que desarrollar, pulir, mejorar. Es la explicación más íntima de nuestro ser, único e irrepetible, y la razón de nuestra vida… Nos acerca al sentido más profundo, a nuestra “vocación” específica. Pero todo eso hay que descubrirlo y trabajarlo.

B- Carácter

En base al temperamento heredado, con la experiencia personal y la educación, se va modelando y se forja el carácter de cada uno. Es algo que hay que luchar por conquistar día a día, pero, nos confiere autonomía y control para pilotar la propia vida, con optimismo, superando retos y dificultades. Y nos da esperanza.

Se basa en la adquisición de buenos hábitos, que dejan su impronta y conforman el estrato cerebral. Estos hábitos se transforman en virtudes, al hacerlo con libertad, porque se quiere de veras, que es el mejor motivo. Así, se adquiere una facilidad y un disfrute cada vez mayor. Y ayudan enormemente en la vida.

A veces se piensa que, a base de repetir algo muchas veces, se adquiere un hábito. Pero no siempre es necesario. Lo importante es interiorizar y aprehender su esencia, el bien que conlleva, y querer hacerlo poniendo el corazón: por amor. Así, hacerlo vida. Algo que parece sencillo, aunque requiere ilusión y lucha. Porque, al final, “somos lo que hacemos cada día…”.

C- Personalidad

Es fundamental de por sí, en cada persona, y especialmente en el liderazgo.

Independientemente de los talentos y fortalezas de cada uno, que ayudan a guiar el desarrollo y el carácter propio:

“Todos necesitamos pensar con claridad, 

 armonizar cabeza con corazón, 

y aprender a querer a los demás.

Y es fundamental la empatía y la inteligencia emocional:

tenemos unas “neuronas espejo” que nos facilitan 

comprender y querer a los demás.

Todo esto se aprende en familia. Se va forjado una buena personalidad.

En la infancia hay mucha afectividad, o debe haberla, todo está sumergido en cariño, pero, según van creciendo los hijos hay que potenciar el pensamiento, sin olvidar nunca el corazón. Estimular el desarrollo de la razón y de la voluntad, que nos distinguen como personas, para hacer lo de veras razonable y correcto. La razón es luz que ilumina el sendero. Que guíe al corazón, y sea un referente en el actuar de cada uno. Y luego, poner los sentimientos y el corazón en todo lo que hacemos.

CARACTERÍSTICAS Y TIPOS DE LIDERAZGO

Y aquí enlazamos con el buen liderazgo personal. Sabiendo que, para liderar a los demás primero hay que liderarse uno mismo.

Liderarse es forjar el carácter, con cabeza y corazón, autodominio y voluntad entrenada.

Comento, a grosso modo, algunos tipos de liderazgo, y las motivaciones de cada uno, para tener claro cómo queremos y podemos actuar con nosotros mismos, y con los demás.

  • Empezamos por el liderazgo de nivel más bajo: gestión de recursos. Todo se convierte en un recurso que se puede manejar con un fin. La persona se la reduce a un recurso. Aquí los motivos son puramente extrínsecos, del “tener”. Son los que nos llegan desde fuera. Es decir, del nivel más bajo también. Cuando fallan, ya no “compensa” seguir adelante. Forman relaciones poco estables, y no se aporta mucho a los demás.
  • El siguiente nivel es la dirección de personas, con objetivos y retos. Ya avanzamos un poco. Se mira a la persona, y sus motivaciones intrínsecas, como son el saber, el realizarse, plantearse objetivos profesionales, adquirir competencias y habilidades… etc. No está mal, pero no es el mejor. No piensa tanto en los demás, ni muchas veces en las consecuencias derivadas de sus actuaciones.
  • El tercer nivel, y más alto, es el liderazgo relacional. Las personas somos seres relacionales, estamos diseñadas para los demás. En las relaciones personales desplegamos nuestra mejor forma de ser, y encontramos nuestra plenitud como personas. La persona necesita de esas buenas relaciones, como el oxígeno que respira. Y, como consecuencia de esa plenitud, somos más felices. Como señala un gran humanista, Tomás Melendo, cada uno nos hacemos y re-hacemos en ellas, en especial en la familia, al sentirnos queridos y poder querer a los demás. Aquí las motivaciones son altas, del tercer nivel: trascienden a cada persona, porque se mira a los demás, y es lo que da más sentido e ilusión en la vida.

Este liderazgo es más sano, duradero y estable. El que arrastra con su buen hacer, su ejemplo y coherencia, con el servicio atento a los que tenemos cerca.

Y puede ser, a su vez, de varios tipos:

  • Transaccional: repartiendo recursos.
  • Transformador: transformando recursos y apoyado en motivaciones, con cabeza y corazón.
  • Trascendente: con acciones concretas que trascienden a los demás, creando nuevos recursos.

Liderazgo trascendente

Nos centrarnos en el trascendente. No solo maneja recursos, sino que los transforma, y crea otros nuevos, con imaginación y pensamiento, con la creatividad propia de la persona.

trasciende a otras personas. Las acciones repercuten en el bien de ellas, no solo en uno mismo.

Nos da alas para volar alto, por los motivos y valores trascendentes que lo impulsan: del tercer nivel. Aquí es importante las cualidades y la misión personal, lo cual da un sentido único a la vida. Algo que, si no lo hago yo, nadie lo hará. Eso ayuda a priorizar y anima a luchar por ello.

Ya lo decía Viktor Frankl: lo que más motiva en una situación difícil, incluso en la que él vivió, tan espantosa y llena de sufrimiento, es encontrar cada cual el sentido de su vida. Que siempre se relaciona con los demás.

Cada uno respondemos con nuestras acciones, y con la vida entera, a las preguntas que nos planteamos. Somos seres responsables, al menos en este sentido. Y hay que aprender a serlo en todos los sentidos. Ninguna acción queda sin consecuencias. Todo repercute en los demás. De ahí la grandeza de ser coherentes y ayudar a los que tenemos cerca, de responder a sus necesidades, de alegrarles la vida. Algo tan propio de la persona. Muy en especial en pareja y en la familia. Es un talento personal interdependiente, que se mueve y se desarrolla con los demásY tiene mucho que ver con la capacidad de amar de la persona. 

Podemos refrescar algunos puntos del liderazgo en la familia, para “trabajar” el liderazgo personal:

*Atento a lo importante, sin descuidar los detalles. Enfocarse en lo de veras importante. Algo que a “ellos” se les da bien.

*El buen líder sabe priorizar, pone atención a cada persona, y le presta la ayuda que necesite. Pero solo la precisa, teniendo en cuenta que “toda ayuda innecesaria limita a quien la recibe…”.

*Se mueve por valores, basados en principios, que dan coherencia e integridad a su persona. Sabe crear ambiente acogedor y optimista, donde es más fácil luchar por dar lo mejor de cada uno.

*Sabe tomar buenas decisiones, basadas y fundamentadas en el ser: ser persona íntegra y noble. Y no tanto en el actuar, aunque trasluce el ser. Los motivos de fondo, sus cualidades y distintivo, su persona, es lo que atrae.

*Confía. Un buen líder genera confianza. La confianza tiene mucho que ver con la buena comunicación y la empatía. Si no, cuesta abrir el corazón y se hace difícil conectar. La empatía se aprende en familia, desde pequeños, gracias a esa relación tan estrecha con la madre, con el padre, en la que se desarrolla, haciendo uso de las neuronas espejo. 

*También hace una llamada a lo mejor de cada uno, y le da libertad para que lo pueda realizar. Anima y estimula a desarrollar cualidades y talentos.

*Se caracteriza por su optimismo, que ha de ser contagioso. Ver siempre lo positivo y lo bueno de las personas, de las circunstancias… etc. Es la capacidad de descubrir retos incluso en las dificultades. Todo nos ayuda a crecer como personas. Ya lo decía Frankl: cuando no podemos cambiar una situación, “nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

* Tiene detalles de servicio para alegrar la vida a los demás.

* Una anécdota

Sucedió en San Francisco, en un Congreso de grandes gurús del liderazgo por el 50 aniversario de la ONU. Lo relata Brian Bacon en uno de sus libros. El mensaje que más había impactado era el de una persona, que no participaba, pero que le animaron a decir unas palabras al final del Congreso: la Madre Teresa de Calcuta. Solo habló unos segundos. Subió al estrado y se quedó un momento en silencio, y con voz suave dijo:

“Así que queréis cambiar a la gente. Pero ¿conocéis a vuestra gente? ¿Y les queréis?

Porque si no conocéis a las personas, no habrá comprensión, y si no hay comprensión, no habrá confianza, y si no hay confianza, no habrá cambio.

¿Y queréis a vuestra gente? Porque si no hay amor en lo que hacéis, no habrá pasión, y si no hay pasión, no estaréis preparados para asumir riesgos, y si no estáis preparados para asumir riesgos, nada cambiará.

Así que, si queréis que vuestra gente cambie, pensad: ¿conozco a mi gente?, ¿y quiero a mi gente?

El mensaje de la madre Teresa había quedado suspendido en el auditorio y se notaba que había golpeado. Tan fuerte como cuando alguien escucha la verdad”.

¿Quieres que alguien cambie en algo? Después de aceptarle tal como es…, conocer, comprender, empatizar, animar, ayudar, querer… Y el resto está en sus manos.

Espero que te haya sido interesante, y puedes compartir y comentar. Gracias.

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