Secuelas de la sobreprotección

pixabay unsplash

Post de nuestra invitada Natalia Barcáiztegui

Siempre es un placer para mí acomodarme en un rincón de este blog y compartir tres minutos con todos sus lectores. Por eso tengo que agradecer una vez más a José Iribas esta invitación para exponer unas pequeñas reflexiones sobre el modelo familiar proteccionista.

Partimos de la premisa de que la personalidad no es algo determinado en el código genético, sino que es fruto de su educación. El clima social en el que un individuo crece, desempeña un papel fundamental en la percepción de uno mismo, de los demás y del mundo. La familia es el primer contexto del individuo y el principal responsable de la educación de sus hijos, deber que no puede delegar y al que no cabe renunciar.

La familia evoluciona en función de los cambios socioeconómicos y culturales. Se ha pasado de un modelo menos afectivo y duro a la hora de corregir la falta de responsabilidad del niño, a un modelo familiar y social hiperprotector.

En el modelo superprotector a los adolescentes se les quita todo tipo de responsabilidad y creamos una zona de seguridad a su alrededor, con intención de protegerlos frente a una sociedad que consideramos peligrosa.

Los adultos sustituyen continuamente a los jóvenes intentando eliminar cualquier dificultad, para evitar que su estabilidad emocional sea dañada: llevarles a cualquier sitio de la forma más cómoda; reponer lo que pierden sin dilación; ayudar en las tareas escolares para evitar que queden mal y sufran; desautorizar a un profesor si les llama la atención… Los hijos se vuelven inseguros de sí mismos y de sus propias capacidades.

Se ha demostrado que la familia que evita responsabilidades favorece el desarrollo de trastornos psicológicos en la adolescencia, de tipo ansioso, obsesivo, fóbico, depresivo y alimentario.

“Con las mejores intenciones se obtienen, la mayoría de las veces, los peores efectos”. (Oscar Wilde)

Piaget afirma que el joven sólo es capaz de conocer el mundo y sus propias capacidades, a través de la experiencia de obstáculos superados, realizando sus propias acciones y soportando sus efectos. De este modo podrá confiar en sus propios recursos, anticipar situaciones para afrontar las diferentes circunstancias de la vida y lograr un equilibrio psicológico reforzando la autoestima a través de las experiencias personales.

A menudo, los padres, con las mejores intenciones, intentan facilitar a sus hijos sus propios mapas mentales confeccionados con creencias maduradas a lo largo de su vida. Olvidan que ellos han necesitado las enseñanzas de sus experiencias vitales. La excesiva intervención paterna, no deja que el adolescente se enfrente a los obstáculos de la vida que van a permitirle confiar en sus propias capacidades y construir el conjunto de pensamientos e ideas que guiará sus acciones futuras.

Los cambios socioeconómicos y culturales, favorecen la implantación de este modelo familiar

  • La disminución del número de hijos hace que la atención familiar se concentre en ellos y el aumento desempleo los retiene en casa más tiempo retrasando la autonomía necesaria para convertirse en adulto, en una sociedad en la que el placer y el bienestar son la guía de conducta.

Por otra parte se difunde la idea de que para educar hay que aplicar un método permisivo sin ninguna intervención punitiva, que pudiera generar estrés y frustraciones traumáticas. Sin embargo se demuestra que las familias en las que se permite premiar o sancionar acciones, los hijos poseen una estabilidad emocional más sólida y segura, respecto a los hijos de las familias en las que existe un clima permisivo.

  • El mayor número de mujeres en el mercado laboral implica una menor presencia en el hogar y un aumento de su carga de trabajo. Esto provoca un excesivo sentido de culpabilidad ante cualquier problema de los hijos que lleva a los padres a centrarse en cubrir de atenciones afectivas al hijo. Me remito al análisis que realizaba en mi post sobre Conciliación laboral (haz clic en el anexo).
  • Prolifera una búsqueda de la amistad entre padres e hijos, cuando realmente se trata de roles diferentes. Al no saber imponerse cuando hace falta, los hijos no encuentran puntos de referencia seguros, y los buscarán en otro lugar. Esta es la fuente de muchos problemas, clínicos o sociales, del adolescente moderno.

La familia debe reinventar sus métodos y lo primero es saber que tenemos que formar personas del siglo XXI

Nuestros hijos se manejan en unos parámetros desconocidos para nosotros. Los cambios tecnológicos han provocado cambios sociales y conductuales, cambios en las maneras de comunicarse y relacionarse, en la forma de pensar y de aprender. Se ha creado una nueva forma de entender el mundo, por lo que se exige una nueva forma de educar. Conozco de primera mano, por razones personales y profesionales, características que se dan en buena parte de la juventud actual. Las hay muy positivas y otras no tanto.

Permítanme un análisis crítico partiendo de que toda generalización es injusta. Pero déjenme llevarlo a cabo a fin de que concluya apuntando algunos retos que indudablemente hay que afrontar:

  • Los jóvenes de hoy tienen gran facilidad para procesar información a través de diferentes canales, pero son poco reflexivos y con poca capacidad crítica. Por eso resultan muy vulnerables y fácilmente manipulables.
  • Todo es muy intuitivo y ante cualquier dificultad, se impacientan y se bloquean.
  • Tienen muy poco en cuenta las repercusiones y el alcance de sus acciones en un mundo intercomunicado. Al caer en continuos errores tienden a desanimarse y hay que motivar Les cuesta mucho el esfuerzo.
  • No tienen un planteamiento intelectual sólido y por ello responden ante impresiones, ante una fuerte carga afectiva y emotiva.

Es necesario desarrollar hábitos, que ayuden a que los valores interiorizados se traduzcan en comportamientos externos sanos y estables.

Los padres deben orientar y prevenir a los hijos para que sepan enfrentar situaciones donde puede haber riesgo. Hay que plantearse a qué queremos exponer a nuestros hijos (ocio, amistades, medios de comunicación…) pero no se puede tener un control de todas las situaciones. Es necesario fortalecer la voluntad renunciando a la satisfacción inmediata, cultivando su autonomía y madurez.

Lo más importante es recordar que para educar bien es necesario amar, que formamos con nuestro ejemplo y debemos ser siempre coherentes con nuestras propias convicciones.

Natalia Barcáiztegui

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25 comentarios en “Secuelas de la sobreprotección

  1. Estoy plenamente de acuerdo con lo leído. Es más lo he comprobado en estos dos últimos años en que he trabajado en un Centro de menores adolescentes, embarazadas y/o con hijos. La firmeza en hacerlas responsables de sus actos, y la bondad de la cercanía, escucha y apoyo, creo que nos han dado buenos resultados. Y ellas nos lo han agradecido, lógicamente no en el momento, pero sí, cuando han dejado la casa. Conjugar claridad en los límites, firmeza y bondad, sé que no es fácil, pero sí posible.

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  2. José Fernando siempre tan certero… Totalmente de acuerdo: “Exigir es una forma de amar” muy potente además…

    Inmaculada, límites, firmeza y bondad, productivo y posible. Un reto!

    ¡Cuánto que aprender de todas las aportaciones!

    Mil gracias

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    • Gracias, NATALIA BARCÁIZTEGUI: Todos aprendemos de todos y todos podemos enseñar a todos.
      Y siguiendo con el asunto de la sobreprotección comparto otra idea, que considero aplicable tanto al trato con niños y jóvenes como con ancianos; quizá con todos: “Toda ayuda innecesaria es contraproducente”.
      Lo digo no solo por que se dificulta, o impide, que la otra persona crezca (como exige su más profunda naturaleza) sino que también suele ser frecuente que le desagrade.
      No olvidemos que los niños disfrutan cuando han sido capaces de hacer algo por sí mismos y que uno de las cargas difíciles de llevar en la ancianidad es la heterodependencia. A muchos ancianos les cuesta muchísimo aceptar humilde y amablemente los servicios que necesitan, sobre todo algunos servicios en concreto.
      Un aspecto muy interesante, y bastante descuidado, es la educación de la autonomía (que no independencia).
      Un abrazo a todos,
      JF

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  3. Muy buen artículo, que me ha recordado uno encontrado no recuerdo dónde, “Cómo anular a una persona”, que en pocas palabras y con un lenguaje llano, claro y conciso nos habla de las consecuencias del exceso de proteccionismo. Para mi, una joya de la periodista colombiana Ana Cristina Aristizábal Uribe
    Si a alguien le interesa, lo puede leer aquí: https://goo.gl/pKjNbS

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    • Quizá, Poli Unamuno, esa dificultad (más aparente que real, en mi opinión) sea un indicador de la necesidad de frenar la sobreprotección, esta forma encubierta de la “cultura del descarte” de la que tanto habla el Papa Francisco y mediante la cual las personas son ignoradas, “estropeadas” y desechadas.
      Saludos muy cordiales,
      JF

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    • Poli, en la misma línea que José Fernando, pienso que la sensación de dificultad viene de lo calado que tenemos este modelo en nuestras familias. Supone romper estructuras, pero es necesario para evitar “anular personas”, tal y como nos previene Rufino Lasaosa en su artículo https://goo.gl/pKjNbS .

      Se trata de analizar nuestros hábitos con humildad y sinceridad; decidir cambios y metas; y fortalecer la voluntad para alcanzar nuevos objetivos. ¡Quién dijo que educar fuera tarea fácil! Pero sí apasionante… de nuestro bien hacer depende el futuro de nuestros hijos y de nuestra sociedad. Ahí es nada…

      Muchas gracias a todos por hacerme pensar y afianzar convicciones

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  4. Siempre ha sido tarea de los padres educar a sus hijos para la vida. Siempre por instinto los padres, así era generalmente, protectores de su prole hasta que los consideraba preparados para ir eligiendo su propio destino. En una sociedad efímera y hedonista, alimentamos sujetos inmaduros, inseguros e intransigentes, que esperan que su vida sea ese lecho de rosas que se les ha proporcionado desde su nacimiento. Padres temerosos e Hijos acomodados, crean una espiral egoísta en la que el YO es y debe ser lo primero. Los hijos creados en este ambiente sin frustraciones, y sin elecciones se convierten en profesionales y padres que deben educar a su vez a nuevas generaciones, sin tener una base sólida ellos mismos. Es este muro protector una trampa mortal para el hombre??

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  5. Nazareth muchas gracias por tu aportación pues nos hace profundizar en este inquietante asunto del proteccionismo. Comparto contigo la idea de que los padres tenemos la tendencia innata de educar a nuestros hijos. Y como señala O.Wilde con la mejor de las intenciones conseguimos muchas veces, los peores efectos, pues partimos de principios erroneos. Si bien es verdad que hemos creado una generación con un índice de frustración elevadísimo, que huye de todo aquello que requiere esfuerzo y no es capaz de mantener compromisos duraderos, también es verdad que debemos ser muy sinceros a la hora de reconocer la proporción de nuestra culpa, pues somos nosotros los responsables de su formación. Con el deseo de evitarles el “sufrimiento” producido por cualquier tipo de contratiempo, les hemos privado de experiencias que logran la madurez personal.

    Sin embargo, a pesar de ser plenamente consciente de la realidad en la que estamos inmersos, mantengo una enorme esperanza. En todas las épocas de la historia de la humanidad han existido dificultades en la formación. Quizá un entorno excesivamente materialista, haya favorecido el crear en nuestros hijos necesidades innecesarias; quizá un ambiente tremendamente hedonista nos haya llevado a confundir a nuestros hijos el objeto de la felicidad con el consentimientos de todos sus deseos , huyendo así de todo aquello que implique sacrificio; o quizá haya sido simplemente nuestro deseo, en un mundo de alta competitividad, de lograr aquello que no conseguimos, proyectándonos en nuestros hijos… o quizá no, pero es hora de analizarnos… Porque no debemos olvidar que para cambiar nuestro entorno, el primer paso es cambiar uno mismo para arrastrar con el ejemplo.

    Por eso Nazareth, tengo esperanza. Porque somos seres que se hacen a lo largo de nuestras experiencias vitales y siempre existe la posibilidad de cambiar. Por eso pienso, que este muro protector es un “error” que podemos y debemos salvar, pero nunca una trampa mortal…

    Mucho ánimo porque necesitamos de gente que, como tú, aspira a un mundo mejor.

    Muchas gracias por hacernos reflexionar. Y gracias José por dejarnos tu casa. Un abrazo

    Natalia

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    • Muchas gracias, Natalia, por tus magníficas aportaciones. Dame tres minutos, para su fortuna, quiere ser una casa grande donde quepan buenas personas y buenos blogueros. Y en esa casa tengo siempre una frase muy presente: si eres el más listo de una habitación, estás en la habitación equivocada.
      Gracias a Dios, a mí no me pasa. Cada una de vuestras aportaciones, de vuestros posts, me hace crecer. Un millón de gracias! También de parte de los lectores, que me consta cómo difunden vuestras entradas en el blog. Buen fin de semana!

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  6. Este artículo es muy rico en muchos sentidos y mucho que sacar. Es evidente la nueva generación que se está formando o deformando… donde el NO es impensable,donde los padres parece que tenemos que pedir perdón y permiso por educar con coherencia a nuestros propios hijos. Basta ver las noticias y reconocer la”generación ” que dice que viene a regenerar la política por ejemplo y ver estas actitudes que tan bien describes.
    Y si…humildad es Vital para mirar cómo educamos y cambiar todo aquello que no hacemos bien y porqué no,también valor para tomar las riendas de nuestra tarea educativa. Gracias.

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  7. Muchas gracias por tu aportación Mariela. Verdaderamente tenemos que ser conscientes de que las personalidades de nuestros hijos no vienen determinadas por la genética, sino que son fruto de la educación. El contexto social en el que un individuo crece va determinando su percepción del mundo y es la familia, el primer contexto en el que el individuo vive sus experiencias y la principal responsable de sus educación. De ahí se deriva nuestra responsabilidad, pues la sociedad es fruto de lo que educamos en las familias. Por eso reafirmo la necesidad que propones de tomar las riendas de nuestra tarea educativa.

    Para eso estamos y en eso seguiremos.
    Gracias Mariela!

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  8. Muchas gracias David por tu valoración. Ahí está la clave: con el cariño que se necesita para lograr una estabilidad emocional, ser capaz de poner límites para permitir que puedan crecer.

    Gran reto!!!! Pero, para eso estamos…

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  9. Niños superprotegidos¿igual a niños tiranos?
    Siempre dije:”Criados entre algodones, pero no blindados”, una frustración a tiempo es una lección magistral de la que obtendrán un aprendizaje significativo.

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  10. No siempre la consecuencia de la sobreprotección es la tiranía, pero sí a veces. Se trata de niños que están acostumbrados a que en cuanto abren la boca para manifestar malestar, preocupación o cualquier tipo de apetencia, sus padres corren presurosos a socorrerle o complacerle. Se convierten en el centro de la casa y no admiten tan fácil no serlo para el resto del personal. El egocentrismo se eleva.

    Comparto enteramente la afirmación de que una frustración a tiempo es una lección magistral. Como decía Piaget, los niños, para conocer el mundo y sus propias capacidades personales, necesitan la experiencia de obstáculos superados, realizando sus propias acciones y soportando sus consecuencias, aprendiendo de sus errores y fracasos. Si no les permitimos vivir sus propias experiencias, no les damos herramientas para poder hacer frente con éxito a su propia vida.

    Al educar a nuestros hijos es importante recordar que cada vez que hacemos las cosas que nuestros hijos son capaces de hacer por sí mismos, los incapacitamos.

    Gracias por hacernos pensar

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    • Muchas gracias por tu comentario “Ten Academy” y sobre todo por la aportación de la web. La tendremos muy en cuenta. Efectivamente los límites son necesarios para la estabilidad emocional de nuestros hijos; el hombre necesita valores que guíen su conducta. Hoy en día, las familias tienen que esforzarse más en que éstos se transmitan en el hogar, pues la sociedad no lo hace… Pero como siempre digo: con esperanza. Todas las épocas tienen sus contratiempos.

      Muchas gracias y un saludo,

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