¿Eres tú una anciana polaca?

taq

pixabay

Cuentan que cuando los tanques de Adolf Hitler cruzaban la frontera polaca sin impedimento alguno, una anciana salió furiosa a su encuentro, blandiendo… una estaca. Al ver así a la anciana, un vecino le reprendió:
-Es absurdo lo que haces. ¿No ves que no sirve para nada?
-Sí que sirve; naturalmente que sirve, le contestó ella muy segura. Sirve para dejarles bien claro de parte de quién estoy.

Más de una vez me he parado a pensar en esta anécdota: una frágil abuela alzaba su mano arrugada y ¡un simple palo! frente a tantos carros de combate blindados patrullados por soldados nazis…

Acabamos de iniciar el año y quiero transmitirte un deseo: aunque a veces puedas pensar que hacer público tu criterio frente a las cosas que pasan -o que pueden pasar- no sirve de mucho, acuérdate de la anciana polaca.

Los representantes políticos -los del gobierno, pero también los de la oposición- debemos escuchar; pero debemos escuchar todas las voces: eso incluye la tuya; sea o no “políticamente correcta”. O incluso especialmente si no lo es. Porque decir lo que se lleva (en el ambiente dominante) es fácil. Eso lo hacemos cualquiera. Pero no es precisamente oír lo que está de moda lo que nos ayuda. A veces necesitamos que alguien, como el niño del cuento de Hans Christian Andersen, se atreva a expresar con ingenuidad o desparpajo que el rey va desnudo.

Si así lo piensas, dilo. Hazlo saber. Alrededor de los líderes siempre hay algún pelota desleal que se acerca a adularles y comentarles lo rubios, altos y de ojos azules que son; y cómo aciertan siempre en sus decisiones. Y eso es, por definición, mentira… con riesgo de crear una peligrosa burbuja. No precisamente de refresco de limón.

Por eso, este puede ser un buen propósito para el año que comienza: participar más; decir en público lo que se piensa; expresarse. Porque te lo aseguro: importa.

Concluyo recordando a Martin Luther King cuando alude no ya al temor que le ofrecen los gritos o los actos de los hombres “malos” sino el escandaloso silencio, ante aquéllos, de los “buenos”.

No te calles. Haz llegar tu voz, tu opinión. La necesitamos.

¡Gracias por estar ahí y… feliz 2015!

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