Me gusta el directo

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Mi actividad en las redes sociales se basa en mi convencimiento de que éstas me ayudan a conectar con la ciudadanía. A saber lo que piensas; a dialogar contigo; a dar la cara; a rendir cuentas de mi gestión.

Los políticos hemos de estar abiertos y atentos a lo que opina la ciudadanía. Y, cuando toca, a las críticas. Puesto que podemos equivocarnos (y de hecho lo hacemos) como cualquier persona, tenemos que tratar de acertar. Acertar es más fácil si escuchamos opiniones, sugerencias, críticas, aportaciones.

A veces me equivoco; con más frecuencia de la que me gustaría; aunque -permítemelo- con menos de la que algunos quisieran que lo hiciera, je,je… En todo caso, me bastan mis errores reales, junto a mi ilusión y todos los retos a que me enfrento, para reforzar mi compromiso y esfuerzo por mejorar cada día en mi servicio a la sociedad.

Digo que me bastan mis errores reales (cuando los cometo) y añado: respondo de mis palabras y de mis actos, pero me parece intolerable la manipulación informativa y la mentira.

Cuando hablo de manipulación informativa no me refiero necesariamente a la que alguien pueda intentar a través de algún concreto medio de comunicación. Hoy, las redes sociales nos convierten a todos en potenciales “informadores”. Y siempre hay quien goza dándole un uso perverso y consciente, por ejemplo, a Twitter. Para desinformar, para manipular interesadamente, para atribuirle a uno actos, palabras o conductas que no han salido de él. Y eso no es tolerable. Si la opinión es libre (no faltaba más), los hechos son sagrados… Quienes los falsean no deben de pensar lo mismo.

Y es que leo cosas sobre mi labor (es mi deber) y en más de una ocasión no me reconozco en las afirmaciones que se me atribuyen. Siempre digo que en Twitter… tengo mitad de seguidores y mitad de “perseguidores”. Algunos de estos últimos, a veces me acusan, descalifican -o hasta insultan- por algo que realmente no he dicho, o no he hecho; o que está absolutamente sacado de contexto y tergiversado: manipulado.

No creas que me estoy pegando un desahogo. Sinceramente, tengo la piel suficientemente curtida para que no me afecten esas cosas como a algunos les gustaría. Durante muchos años me ha tocado plantar cara a ataques o riesgos más graves. Y lo he hecho sin complejos.

¿A qué viene, entonces, todo esto?

A hacerte un doble ofrecimiento, en un acto de pura transparencia:

  • Si escuchas o lees algo que te “chirríe” sobre mi labor (no pretendo agradar a todos, sería imposible además), contáctame. Y pídeme explicaciones sobre si he dicho o he hecho tal o cual cosa. Pregúntame directamente, insisto.
  • Si lo que se me atribuye se ha producido en el ámbito parlamentario, lo tienes aún más fácil: mi intervención está grabada, a tu disposición, en la videoteca de la Cámara foral. Puedes verla de cabo a rabo.

De lo que sí haya, efectivamente, dicho -o hecho- sí respondo. Para bien o para mal. ¡No faltaba más! Pero que nadie pretenda engañarte ni te venga con cuentos chinos.

Ya lo sabes: cuando quieras, me tienes a un clic. Me gusta el directo.

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