El ‘sinsentido’ de empujar la roca

– A mi padre no hay quien le entienda.

– ¿No ves que lo hace por tu bien?, tercia la madre.

Seguro que te suena este diálogo. Se da en toda tierra de garbanzos.

Seguro que también te suena que, ante las indicaciones del paterfamilias, algunos van “y vendimian”; otros dicen que van a ir a vendimiar y no van; y otros más que no irán, y sin embargo lo hacen. Recuerda que lo cuenta hasta la Biblia (el libro más comprado de la historia).

De la historia, digo, y me viene a la cabeza esta breve historia que me ha llegado hace poco y que me ha hecho pensar sobre lo que te comentaba al inicio del post. Me apetece compartirla contigo. No conozco su autoría, pero tiene enjundia.

Vamos allá:

Cuentan que un buen hombre dormía en su choza cuando, de repente, una luz iluminó toda la estancia y se le presentó Dios.

Este le dijo a aquel, que aún se frotaba los ojos para asegurarse de que no estaba soñando, que solo le pedía una cosa, como misión para su vida: que empujase una gran roca que se encontraba bastante cerca de su cabaña.

El hombre -sin entender mucho el porqué de semejante pretensión-, decidió que cumpliría la voluntad de su Padre. Y se puso como objetivo vital lo que el Señor le había pedido.

Así, día sí, día también, se levantaba y, tras asearse y desayunar, se dedicaba a empujar y empujar la roca en cuestión… con ilusión decreciente: la roca no se movía ni medio milímetro, a pesar del denodado esfuerzo y de la perseverancia del buen hombre. Este se sentía -¡cómo no iba a estarlo!- defraudado y con la autoestima muy afectada por no poder cumplir lo que Dios le había pedido.

Con ocasión de su decepción, un día se le apareció el diablo y le dijo:

“Te han pedido un imposible, un sinsentido. No sigas empujando inútilmente una roca inamovible; no le hagas caso a Dios. Estás malgastando tu vida”.

El buen hombre, agotado y desmoralizado, tuvo la tentación de abandonar su estéril actividad, pero antes quiso dirigirse a Dios y se atrevió a decirle: “Señor, llevo años haciendo lo que me mandaste, pero la roca no se mueve ni un milímetro. ¿Qué sentido tiene que me pidieras eso? He fracasado, ante semejante planteamiento. ¿Por qué me pediste lo que sabías bien que era imposible para mis fuerzas?”.

Y el Señor le respondió: “Hijo querido, yo te pedí que la empujaras, no que la movieras. Tu labor era empujar. Ahí debías poner tu afán, tu lucha. ¿Crees que lo que te solicité en su día era inútil? Mírate ahora: tus brazos están fuertes, tu espalda musculada, tus piernas robustas y tu voluntad firme. Mi propósito final no era que llegases a moverla -no me entendiste-, sino que te fortalecieras, que crecieras; también en la fe, en tu confianza en mí. Ahora Yo, querido hijo, Yo moveré la roca”.

Podía acabar aquí; que ya da para pensar -y mucho-. No quiero hacerlo sin un breve apunte que me ha venido a la cabeza.

Solemos decir que Dios escribe derecho sobre renglones torcidos… A saber cómo son esos renglones: quizá los estamos mirando sin perspectiva. ¿Acaso, como el hombre de la roca, no hemos entendido bien lo que se nos plantea? Espero contártelo en un próximo post.

Si un día piensas que has captado aquello que te decía tu padre (en este caso, puedes ponerle mayúscula o no), no te alarmes si ello (aún) no le ha ocurrido a los tuyos. Recuerda esa frase, a la que no le faltan ni humor ni razón, que dice: “Cuando un hombre comprende que su padre tenía razón, ya tiene un hijo que cree que su padre está equivocado”.

Por eso, no desesperes. No flaquees ni en tu misión, ni en la confianza en aquella que deberán acometer tus hijos (por “verdes” que te parezca ahora que estén). Acabarán encontrando su roca.

La fe mueve montañas. Haz lo que debes. No se te pide más. Tu Padre hará lo restante.

Y nunca olvides algo esencial: tus hijos son Suyos.

6 comentarios en “El ‘sinsentido’ de empujar la roca

  1. Una lección muy útil y que viene bien recordar e interiorizar de cuando en cuando, porque somos olvidadizos queriendo seguir el ritmo de la vida con frenesí, sin pararnos a meditar y reflexionar para qué y por qué…

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    • Muchas gracias, Emilio. Es una historia, la que me llegó, que, aunque es sobre una roca, tiene mucha miga.
      Te agradezco mucho tu comentario, que es especialmente cualificado por venir de un profesional en la materia. Un saludo y feliz domingo!

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  2. Buenas! Aquí Jaír, de EfectiVida.
    Muy buena ilustración. La verdad es que muchas veces medimos por resultados visibles, cuando lo más importante suele ser lo que no se ve; lo que crecemos por dentro.
    Gracias por compartir.
    Saludos desde Canarias!

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    • Muchas gracias a ti, Jaír. Es un placer leer esto de todo un experto en efectividad y productividad y desarrollo personal. No puedo dejar de recomendar que te sigan en las redes y encuentren tu blog. Hay que difundir lo bueno. Y lo tuyo lo es! Un abrazo y feliz domingo!

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  3. Gracias José, Inés de @familiaymas. Llevaba un tiempo sin poder leerte y hoy (segun he dejado a los peques en el cole) me apetecía leerte (escribes muy bien!.

    Y no me has defraudado. Esta reflexión es buenísima… nos hace recordar la cantidad de obligaciones que ponemos cada día sobre nuestras espaldas sin que nadie -tampoco Dios- nos lo pida.

    Viene genial en este arranque del curso.
    Mil gracias
    Inés

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