Me está dando por el fútbol

football-3032329_1920 pixabay

Esta última temporada me está dando por el fútbol.

No, que no es que lo practique.

Lo aclaro porque tengo un buen amigo que siempre me recuerda cómo, de críos, yo era experto en barrer el patio del colegio a base de caídas mientras intentaba… ya el regate, ya el remate. Subrayo lo de intentaba. Hasta que me daba de bruces con la dura realidad (el suelo era de cemento).

Cada vez que sale (que mi amigo saca) la conversación -siempre en presencia de mi cónyuge, como si ella no supiera ya de mis habilidades para bailar, con o sin balón- mi antiguo compañero de equipo no me tilda literalmente de ambitorpe; pero se nota un montón que lo piensa.

Lo que no me puede negar nadie es que -como a la vida- le ponía pasión al deporte. Hasta el punto de barrer el patio, sí. Y de acabar con la camiseta como en los anuncios esos de jabón de lavadora que echan por la tele. Pero, pasión, le ponía. Eso que algunos llaman la furia española, je, je. Y el que hace lo que puede no está obligado a más, oye. Y punto.

Si te digo -como he comenzado a contarte- que me está dando por el fútbol, pero que jugar no juego, te puedo llevar al error de pensar que me he comprado uno de esos “paquetes” televisivos que venden hoy las compañías digitales. Sí, esos con los que uno puede ver fútbol en “sesión continua”: desde la Champions League hasta el partido de Segunda que más le atraiga. Y tampoco. Tampoco a eso me dedico.

Me explico ya: esta temporada me está dando por el fútbol… en el trabajo

Y te lo voy a aclarar pronto para que no se mosquee mi jefe.

Como seguramente sabes, mi actividad profesional está en UNIR (la Universidad en Internet).

El caso es que entre los 32.000 estudiantes con que contamos, algunos de ellos (o de ellas, pues las hay, y no pocas) son futbolistas. Cuando digo futbolistas no añado “y futbolistos”, ni le pongo una arroba: ese sustantivo engloba a féminas y varones, por más que acabe en “as”. Para fortuna de la RAE: un lío menos.

¡Al grano, José, que te me pierdes por el terreno de juego y en este blog el árbitro pita a los tres minutos!

La cosa es que la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) ha suscrito un convenio con mi universidad. El interlocutor de aquella y quien te escribe hemos trabado amistad, y, desde la complicidad y la confianza, a veces… bueno a veces… me pide que atienda personalmente a alguno de sus afiliados. Y yo se lo hago encantado. Así que tengo el Iphone con más futbolistas entre mis contactos que cromos hay en los álbumes de Panini.

Cuando hablo con los chavales (por edad podría ser su padre), disfruto. Y hay quien me cuenta su vida…

Jóvenes no solo con habilidades en los pies; con otras muchas virtudes

Quizás de bastantes de ellos no hayas oído hablar si no eres aficionado a este deporte. Y, a veces, aunque lo fueras. Aunque en la asociación cuentan con un buen elenco de figuras, también hay profesionales -como la copa de un pino- que no están en Primera. Y que saben que probablemente no llegarán a ella.

Son, en todo caso, personas que se cuidan, que se preparan, que entrenan, que se esfuerzan… ¡que disfrutan haciéndolo! Y que, cuando salen al terreno de juego, lo dan todo por sus colores. Por su club. Por su afición.

Me ha tocado charlar con un buen número de ellos. Y he visto una juventud sana; alegre; sensata y responsable… Y consciente de que la carrera profesional es corta.

Por eso, muchos han decidido -todo un acierto- que, además de esforzarse y echarle ganas con los pies, van a esforzarse y echarle ganas con la cabeza. Con la cabeza y con los codos. Vamos, que han decidido estudiar. Formarse. Prepararse para el día de mañana. Ese en que el último árbitro haya hecho sonar el último pitido de su último partido. Y acordándose de ello, se han acordado de mi universidad: porque -me dicen algunos- lo de los estudios en una presencial no lo tienen tan a mano.

¿Por qué te escribo sobre esto hoy?

Porque creo que merece ser noticia esta juventud que trabaja y estudia a la vez; que se esfuerza en los entrenamientos y fuera de ellos; que tiene la responsabilidad -algunos desde la cresta de la ola, o cerca de ella- de pensar en “el día después”.

Su vida no es fácil: muchos no son estrellas rutilantes (éstos, por cierto, tienen complicada vida: hay que tener mucha cabeza y madurez para gestionar el éxito. A veces con veintipocas primaveras). Pero todos – al menos todos los que contactan conmigo- piensan que merece la pena formarse intelectual, académica y humanamente.

Seguro que a más de uno eso le cuesta más esfuerzo que muchas y muchas flexiones. Pero han reflexionado (dale al juego de palabras) y han decidido -desde su presente- que quieren forjarse el futuro. Un futuro que cuesta. Un futuro que vale.

Hoy quería rendirles un modesto homenaje desde mi blog. Y, en ellos, hacerlo también a tus hijos o a tus hijas, que seguro que desde el anonimato comparten muchos de sus valores.

Ni los unos ni los otros buscan ser famosos de los de esos inmundos programas de televisión donde el único mérito parece estar en el grito, la impudicia o la zafiedad. Válgame… Tienen mejor visión de la jugada. Y más altas miras.

Son jóvenes que entrenan a diario con ilusión (incluso, el que se sabe portero suplente); conocedores de que a veces les toca chupar banquillo; o ser sustituidos; chavales que respetan la autoridad de su entrenador; que aprenden a jugar en equipo, a pasar el balón al compañero, a repartir juego, para facilitar que el gol llegue, aunque no lo protagonicen ellos;  que, a veces, asumen tirar ese penalti decisivo que tú no te atreves ni a mirar en la tele; chavales capaces de ganar y… perder. Con pundonor y deportividad; acostumbrados a los pitos y aplausos que depara la vida…

Mientras contemos con jóvenes que crean y asuman que lo que vale cuesta; que sepan esforzarse -y arriesgar- con desparpajo y alegría; que tengan sentido del deber, de la responsabilidad; que sepan convivir, que antepongan el interés colectivo a su propia ambición… mientras haya personas así… tenemos referentes. Hay valores. Hay futuro. Hay esperanza.

Quizás nadie haría un reportaje sobre esto. Por si acaso, te lo he hecho yo.

¿Es más jugosa la noticia cuando alguien se mete en un buen lío? Dicen que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.

Y yo hoy he querido que el protagonismo se lo lleven los del bosque. Que, a veces, son los Del Bosque. Personas centradas, con buena cabeza, que dan mucho juego.

Mi homenaje a estos chicos y chicas. Y mi reconocimiento a las asociaciones o entidades que se ocupan de representarles y de defender sus derechos e intereses. Entre los cuales (y no es el menor) está el de prepararse para esa vida (la que tú y yo llevamos) que tienen a la vuelta de la esquina: cuando el último árbitro toque el último pitido de su último partido.

Y la vida les abra una nueva puerta.

Para chutar a gol. Esta vez… metafóricamente.

¡Ánimo, chavales, y a por todas!

 

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