9 claves sobre la Educación Emocional y los Sanfermines

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En plena fiesta sanferminera. Y toca post.

Así que se me ha ocurrido esta sencilla tarea:

¿Sanfermines y emociones? 9 días (del 6 al 14 de julio), 9 claves.

Ya sabes que últimamente estoy escribiendo alguna entrada en el blog relativa al programa Educación Responsable (educación emocional y social, creatividad…) de la Fundación Botín.

Un magnífico programa que pretende ayudar a cada chaval a:

  1. Conocerse y confiar en sí mismo
  2. Comprender a los demás
  3. Reconocer y expresar emociones e ideas
  4. Desarrollar el autocontrol
  5. Aprender a tomar decisiones responsables
  6. Valorar y cuidar la salud
  7. Mejorar las habilidades sociales
  8. Resolver problemas de forma pacífica
  9. Desarrollar la capacidad creativa

Todos -no solo los alumnos- podemos y debemos mejorar en estas cuestiones.

Por eso quiero plantearte alguna situación propia de estas fiestas tan navarras, tan internacionales… ¡y tan emocionantes!

Voy a centrarme en el encierro. Y, en concreto, en una anécdota sobre la que girará este post.

Dicen -y es cierto- que también los toros tienen madre, pero ¡cuánto sufren más de una madre -o padre- de corredores del encierro durante los breves pero intensos minutos que dura la carrera! Especialmente, si cabe, si quienes se estrenan delante de los astados son neófitos.

En torno a todo ello, pueden crearse situaciones que nos ayuden a entender algunas claves emocionales

Empezamos. Hazte a la idea de que estamos (yo lo estoy) en Pamplona.

Y vamos con esas 9 claves de la Educación Responsable. ¡Al toro!

 

  1. Conocerse y confiar en sí mismo

Hay quién dice que la vida es una tómbola, tom, tom, tómbola. Otros, que una travesía. O una carrera de obstáculos. Hagamos un paralelismo con que aquella sea un encierro…

¿Te imaginas a una persona que pretenda correr su primer encierro, delante de toros de entre 500 y 600 kilos, sin conocerse (sin saber cuáles son sus facultades, cuáles sus limitaciones, sus miedos, su DAFO, vaya) o sin confianza en sí mismo?

Le pilla el toro, fijo. O hace que le pille al de al lado…

Lo del running of the bulls no es ninguna broma… Pregúntale, si no, a mi amigo Javier.

Javier tiene un hijo. Bueno, tiene más. Pero tiene uno que, una vez, creyó conocerse y confió en sí mismo. Y corrió el encierro -no digo sin encomendarse a Dios ni al diablo, porque al primero lo hizo: con la intercesión de San Fermín-.

Corrió el encierro como antes lo había corrido uno de sus tíos (un gran aficionado a ello).

La confianza es imprescindible, pero -como el vino- sin excesos.

Al tío, que un día se confió más de la cuenta, un novillo le alcanzó y le metió un puntazo de 8 centímetros allí donde la espalda pierde su casto nombre. Y le dio un buen palizón. Que lo retiró, para siempre, del recorrido: el miedo guarda la viña.

Por eso, cuando Javier -hermano del del puntazo- se enteró de que su adolescente hijo había corrido el encierro, tomó una decisión: al año siguiente, antes de que empezaran los Sanfermines, mandaría a su hijo a hacer unas prácticas al extranjero. Por si las moscas, digo, por si los toros…

Un buen amigo de Javier le facilitó al chaval esa primera experiencia profesional: en Casablanca (Marruecos).

Javier pensaba que esa experiencia quizás fuera buena para el currículum del mozalbete, pero sin duda lo era para evitar riesgos ‘vitae’.

  1. Comprender a los demás

Ya sabes eso que se dice de que “cuando un hombre comprende que su padre tenía razón, ya tiene un hijo que piensa que su padre está equivocado”. Y Javier aún no es abuelo.

Lo de comprender a los demás es lo que algunos que leéis esto (especialmente si sois de Navarra), vais a tener que hacer con Javier, mi buen amigo. Otros empatizaréis sin dudarlo.

El caso es que su chaval estaba convencido de que el mantenimiento de una tradición como el encierro, lo debían garantizar los navarricos y no los australianos.

No comprendía las explicaciones del padre de que el encierro estaba más que garantizado sin necesidad de que él, precisamente él, recién cumplida la mayoría de edad, se jugara el tipo. Literalmente.

He de admitir que, en el fondo, Javier comprendía a su hijo (aunque se guardaba de hacérselo ver); él también había sido joven…

  1. Reconocer y expresar emociones e ideas

No pocas emociones conoció (y reconoció) el hijo de Javier cuando, vestido de blanco y rojo, ya antes de que comenzara el encierro, se encomendaba al santo patrón navarro.

Muchas más, si cabe, cuando avistó a los morlacos a distancia.

Más, cuando oía cómo trotaban, se acercaban, y resoplaban, los bichos, a sus espaldas…

Cuando, pasados unos días, su padre tuvo noticia de los hechos, reconoció y expresó a su hijo emociones bien diversas. Y hasta hubo tiempo para rumiar y trasladarle alguna idea al chaval: la de que se plantease un futuro verano en el extranjero. Lo que luego se concretó en Casablanca, sin ir más lejos. ¿Más lejos?

  1. Desarrollar el autocontrol

Javier me comentaba sus logros, a este respecto. Porque cuando se enteró de que su hijo (que no era precisamente gran deportista) había corrido el encierro, no sabía si cortarse las venas o dejárselas largas… Pero aguantó el tirón. Él también había sido cocinero antes que fraile… Así que “una y no más, Santo Tomás” (en este caso, San Fermín): el año que viene no se la hacía. Y eso es lo que le facilitó no salirse de madre…

  1. Aprender a tomar decisiones responsables

Sobre esta materia insistía Javier a su hijo. Lo cierto es que no se ponían muy de acuerdo sobre qué era responsable y qué no lo era. Cuestión de perspectivas y de experiencias (el padre había visto algún año cómo un astado le arrancaba la vida a un corredor).

Aunque, hablando de responsabilidad, finalmente, el chaval -quien desde su mayoría de edad podría haberse opuesto a los planes paternos- asumió que, mientras viviera en casa de sus padres, había de aceptar unas ciertas reglas de juego.

Por ello, decidió -también con buenas dosis de autocontrol- llevar a cabo esas prácticas en Marruecos: la ilusión de su vida.

  1. Valorar y cuidar la salud

En ello insistía Javier a su hijo. Y no solo la propia: “También la de tu madre. Como se enteré de que has corrido el encierro, le da un patatús…”.

Y el chaval, navarrico, se empecinaba en que si no correr delante de los toros era salud… ‘¡que viva la tuberculosis!’.

  1. Mejorar las habilidades sociales

Pasado el fragor del primer encuentro (más bien, encontronazo) tras saber de ese encierro, padre e hijo convinieron en que las cosas había que hablarlas antes (y no a toro pasado, nunca mejor dicho). Que, con serenidad, se podían dar -y escuchar- argumentos, mantener conversaciones en buen tono, intentar comprender al otro, afrontar análisis críticos o saber realizarlos… y hasta ser capaz de ponerse en los zapatos del otro (o, si es preciso, en sus alpargatas, pedía el hijo).

  1. Resolver problemas de forma pacífica

Javier y su hijo lo tuvieron claro. El diálogo, civilizado, era necesario. Y en él, la sinceridad: alguien me enseñó de crío que la sinceridad era algo más que responder con un sí a la pregunta de si se te ha roto un jarrón. La sinceridad estaba en anticiparse y advertirlo: se me ha caído el jarrón chino… ¿Quién no ha roto un plato, al menos un plato, en su vida?

Por otro lado, ya advertía Javier: la mentira tiene las patas muy cortas. Y si el mundo es un pañuelo, Pamplona, en Sanfermines, un pañuelico. Así que, como decimos por aquí, hijo mío, si no quieres que algo se sepa… ni lo pienses.

Y si tienes cualquier cuestión de la que hablar, abórdala. ¿Con quién mejor que con tu padre? Ha vivido mucho… y te quiere aún más. Cuando se coge el toro por los cuernos (¡y dale!), de forma civilizada, todo se puede hablar y hasta solucionar. Hablando se entiende la gente. Y aquí paz y después gloria.

  1. Desarrollar la capacidad creativa

Esta es una novena clave en el programa de Educación Responsable. Y la capacidad creativa no tiene por qué ser ni “el año que viene me disfrazo de guiri cuando corra el encierro y no me reconoce ni mi padre”, ni “si a este hijo no le ha bastado Casablanca, la siguiente que me haga lo mando a la India”.

La creatividad es algo más valioso, más rico… y hay que conciliarla con los ocho puntos anteriores. ¿Recuerdas el post ‘Creatividad máxima nivel niño’?

La creatividad puede estar hasta en escribir un post. Porque… estos hechos nunca han ocurrido… ¿O sí?

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