El mensaje no hablado: comunicación y emociones

 

 

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Dame tres minutos tiene hoy la suerte de contar con una nueva invitada.

Ella es Amparo Donaire.  Amparo sabe de lo que habla. O, por mejor decir en este caso, de lo que escribe. Escribe mucho y escribe bien. Y comparte con gran generosidad. En Twitter la puedes localizar en un pispás como @a_donnas. No te arrepentirás.

Hoy nos ha querido regalar un interesante post. Fijaos si su trabajo es completo que, al final, nos ha dejado incluso las fuentes en las que se ha documentado.

Aprovecho para agradecerle, junto al post, sus elogios -inmerecidos, en lo que se refiere a mí-.

Estas semanas me están resultando bastante movidas; no sé si es la época o qué, pero muchas personas, colectivos, entidades, se están interesando por la formación online y, cuando uno se dedica al negocio primum vivere deinde philosophari …resta tiempo al ocio (ese en el cual aprovecho para escribirte)…

Por eso, en fin, hoy puedo decir -con claridad y gratitud- que Amparo ha venido a mi amparo.

Y con ella, sin dilación, te dejo. Suya es la palabra.

EL MENSAJE NO HABLADO: COMUNICACIÓN Y EMOCIONES.

Por Amparo Donaire

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¡Vaya, ya ha llegado el fin de curso! Otro más que se nos va casi sin darnos ni cuenta. Sí,  sí, aunque de forma directa no me dedico a la enseñanza, por esto de estar en aprendizaje permanente tanto personal como profesional, esta convocatoria ha finalizado. El curso ha sido muy intenso y enriquecedor, me ha ofrecido  grandes e interesantes experiencias, aprendizajes, colaboraciones y la posibilidad de conocer a nuevos compañeros con los que compartir este camino. En mi boletín de notas figura la anotación “progresa adecuadamente”; nos esperan otros cursos con nuevos retos y metas por cumplir.

Ilusión, ganas, tiempo, son algunas de las muchas las cosas que podemos compartir con los demás. Y os aseguro que siempre valdrá la pena por insignificante que nos parezca nuestro gesto. Son las pequeñas cosas las que producen grandes cambios. Mucha ilusión, ganas  y empeño por transmitir lo mejor, es lo que he puesto en cada una de actividades y proyectos en los que he participado y os cuento llena de emoción que todo lo que he recibido ha superado con creces lo invertido. Porque de emociones, pensamientos y comunicación es de lo que os quiero hablar hoy.

En esta última etapa, antes comenzar un pequeño periodo de descanso y desconexión digital, descanso merecido, mi querido José Iribas, con la generosidad que él acostumbra, me ha permitido participar en su blog Dame tres minutos, toda una responsabilidad puesto que este blog se nutre de grandes expertos en distintos ámbitos de actuación, incluyendo al propio autor.

Como profesional de la comunicación, he tenido oportunidad en estos meses de reflexionar sobre la importancia de las emociones y lo que somos capaces de transmitir dependiendo del momento.  Hace pocas semanas durante una formación en Desarrollo Personal – Marca personal  en la Asociación For Women mis compañeras me preguntaban: ¿qué te pasa hoy? Estás muy callada y las pocas veces que hablas pareces aburrida y cansada. Y sí, era verdad, había tenido un día muy ajetreado, como muchos de los que enfrentamos a diario, y, por mucha motivación que suponía para mí la formación, estaba algo angustiada por no poder dar lo mejor.

Como decía  Samuel Johnson:

La comunicación es el vestido del pensamiento

Este puede ser un ejemplo visible que nos sirve perfectamente para comprender cómo las emociones están involucradas en la comunicación que tengamos con otra persona. Lo que ocurre es que primero nos tenemos que escuchar a nosotros mismos y conocer qué emociones estamos experimentando y lo que queremos contagiar y comunicar.

Seguro que todos vosotros sabéis qué son las emociones, pero vamos a refrescar un poco el tema.

La palabra emoción procede del latín emotio, emotionis, nombre que se deriva del verbo emovere y significa retirar, desalojar de un sitio, hacer mover. Por esta razón una emoción es algo que nos saca de nuestro estado habitual, “aquello que te mueve hacia”.

Las emociones son:

  • Personales, pertenecen al ámbito íntimo; cada persona es responsable de sus sentimientos y de lo que hace con ellos.
  • Una situación afectiva que percibimos; nos indican cómo estamos evaluando y entendiendo las situaciones que vivimos. También nos movilizan y ayudan a decidir.

No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede. Epícteto

Se nos define como seres emocionales porque nuestro cerebro emocional es más rápido que nuestro cerebro racional.  En definitiva, las emociones impregnan toda nuestra existencia y, al igual que influyen en la toma de decisiones, influyen en nuestra forma de comunicarnos con los demás.

Pero, si queremos comunicarnos bien, ¿no tendremos que empezar por la comunicación con nosotros mismos? Y es que, sinceramente, estamos acostumbrados a hablar con los demás, a interactuar con otros, pero en pocas ocasiones nos tomamos tiempo para hablar con nosotros mismos, para conocernos y escuchar esa conversación interna que tiene mucho que decirnos, y de la que tenemos tanto que aprender y analizar.

Aunque te suene raro y estés un buen rato callado y sin decir palabra alguna, no paras de hablar contigo mismo, de decirte cosas. Solemos tener vocecitas interiores, un diálogo interno que no siempre nos potencia y nos favorece.  Párate un poco a pensar cómo te hablas cuando estás a solas. ¿Te hablas haciéndote la víctima o lo haces de forma condescendiente? ¿Te criticas y saboteas sin darte cuenta? ¿Eres consciente de qué pensamientos pasan por tu mente a diario?

Es muy probable que nuestro diálogo interno esté relacionado con la queja, la exigencia, la exageración, en definitiva, viene cargado de una fuerte crítica hacia nosotros mismos. Seguro que te suenan pensamientos como: “no valgo para esto” “seguro que eligen a otro”, “si voy de bueno me toman el pelo”, “esto puede conmigo”, o bien, relacionados con nuestro perfeccionismo: “¿Lo he revisado suficiente?”, “¿estará todo bien?”, “no quiero que me vean sin arreglar” y con el ayudar: “No pasa nada. Necesita que le ayude ahora. Ya descansaré después…”.

Si te juzgas y criticas, eso te impide valorarte y considerar tu potencial. A menudo, cuando esto ocurre es porque falla el amor propio, el cariño a uno mismo, falla la autoestima. La clave está en aprender a cambiar el diálogo interno, ya que las emociones son reacciones que nuestro cuerpo origina como consecuencia de los pensamientos que pasan por nuestra mente. No somos conscientes de hasta qué punto es importante tener un diálogo interno positivo que sea un reflejo de cómo deseamos pensar y no cómo pensamos por defecto.

Los pensamientos que elegimos sirven de mantenimiento de nuestras emociones, así que nos merecemos todo aquello que aumente nuestro nivel de energía y felicidad. Lo demás hay que procurar desecharlo. El conocido psicólogo Rafael Santandreu, en su libro El arte de no amargarse la vida, nos indica: piensa bien y sentirás mejor. Es nuestro diálogo interno el verdadero origen de las emociones. Detrás de cada emoción negativa exagerada existe un pensamiento catastrofista. Todos podemos cambiar nuestra forma de pensar para hacerla más positiva y constructiva, podemos reeducarnos para la calma y la felicidad.

Una recomendación de este autor cuando nos decimos algo que no nos hace sentir bien, algo negativo, es que nos argumentemos eso que nos hemos dicho desde otra perspectiva. Si me estoy diciendo: “no sirvo para nada”, “no hago nada a derechas”, “esto puede conmigo”, “parezco un inútil” y me angustio y lo transmito, debemos generar argumentos constructivos, pensar en otros momentos en los que hemos sido capaces conseguir unas metas o unos objetivos, con lo que estas afirmaciones negativas van a perder valor.

Cuando tu crítico interior te diga que no puedes, que no eres capaz, que sientes lo peor, cuestiónale ayudándote de todas las veces que sí has sentido que podías, que sí has sido capaz, que te has superado. Cuéntale todos esos pequeños actos de tu día a día en los que sí te cuidas, o cuidas a los demás, o realizas acciones que merecen la pena.

Eres mucho más que los pensamientos condicionados y arraigados que pasan por tu cabeza porque, casi todo, depende del cristal con que se mire. No se trata de creer que todo es de color de rosa y que hay que ser optimista al cien por cien, sino que hay que ser un optimista realista. ¡Si yo, con mis pensamientos, soy capaz de alterarme, yo mismo tengo también el poder para sentirme bien! Va a depender de mí.

Entonces, ¿puedes cambiar la forma en que te hablas? Te invito a que cuestiones todo lo que te dice tu mente, y lo pases por el filtro de la autoestima. ¿Comunicas mensajes positivos? Cuando tú hablas con tu pareja, tus hijos, tus hermanos, tus padres, tus colegas, tus amistades, tus empleados etc., hay dos tipos de mensajes que se originan cuando te comunicas: el mensaje hablado y el no hablado, que es el que yo llamo energético, es decir, el de las emociones.

Si las emociones se transmiten, lo ideal es que comuniques a la vez que expresas tus emociones, sobre todo las que quieres contagiar. Acuérdate, una sonrisa, que es la llave que abre todas las puertas, provoca sonrisas; y si pones o ves caras de enfado, lo que vas a conseguir es generar tensión. Cuando hables, ten presente algo: tienes una oportunidad de conectar con el otro y estás a punto de dar un mensaje hablado y uno emocional o energético. Esta parte ‘energética’ (emocional) es la que más captamos y con la que nos quedamos. Es la que el otro va a sentir por más tiempo, independientemente del mensaje que demos.

Entonces, si vas hablar con alguien o decir algo a alguien, primero fíjate en cómo te sientes, qué emociones tienes dentro y descarta todo lo negativo para que tu mensaje no salga con tus descargas emocionales. Creo sinceramente que podemos transformar nuestra manera de comunicarnos y llevarla a un nivel que transmita realmente lo mejor de nosotros y nuestro verdadero deseo.

Somos una potencia energética y es muy importante que empieces a ser consciente de todo tu interior y todo lo que pasa ahí dentro para que te puedas comunicar con efectividad y desde el corazón.

En definitiva, somos lo que comunicamos, y, en este sentido, os recomiendo la lectura de este artículo que defiende una idea de comunicación basada en no cometer tres errores bastante comunes: comunicar sin emoción, comunicar sin sentido y comunicar sin mensaje. https://lamenteesmaravillosa.com/somos-las-emociones-que-comunicamos/

Siempre pensamos y ponemos mayor interés en mejorar nuestras palabras y nuestro lenguaje corporal. Sin embargo, causará más efecto en nuestro interlocutor trabajar la gestión emocional y comunicar los mensajes con la emoción adecuada.

Si dudas de la utilidad de comunicarte con emociones quiero mostrarte, entre otras, algunas razones para que decidas si merece la pena, o no, expresarte desde la emoción:

  • Hablar de nuestras emociones permite que el otro nos conozca más. Tu interlocutor empatizará más contigo y se generará más proximidad y acercamiento. Nos gustan más las personas que conocemos.
  • La persona con la que estés hablando se abrirá y sincerará más. Se generará más confianza y la confianza es la base para establecer una relación sólida.
  • Argumentarás tus actos. Tus interlocutores entenderán qué tipo de emociones te han llevado a actuar, y que no lo haces al azar y sin ton ni son. De forma implícita, estarás aportando tus motivos en forma de emociones.
  • Evitarás conflictos y no podrán discutirte. Como hemos hablado en el punto anterior, la gente no podrá criticar tus argumentos ni tus opiniones, porque estarán basados en tus emociones y sensaciones. Y eso tan sólo te pertenece a ti.

Sin emociones no tendríamos motivación, no habría nada que nos moviese a actuar. Por ello, si queremos llegar a los demás, debemos hacer que la emoción sea parte fundamental de nuestro mensaje.

Ten presente:

“Lo que elijas pensar sobre ti y sobre tu vida se convierte en realidad para ti”

Louis Hay

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Fuentes:

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