Frente a las violencias: ir, aún más, a la raíz

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Sé -como tú- que cada día se producen muchas buenas noticias. ¡En alguna ocasión incluso se publican!

Las mismas se deben, frecuentemente, a pequeñas acciones de personas que, sin mayores alharacas, las llevan a cabo. Las más de las veces, desde la discreción o incluso el anonimato.

Te hablaba de esto en distintos posts. Por ejemplo, entre otros, en:

Pero no soy un incauto.

En cuanto a noticias, se nos presentan más las malas. Tanto, que se suele decir eso de ‘No news, good news’.

Si hoy has escuchado la radio o echado una ojeada a un periódico, sé que, vivas donde vivas, te habrás encontrado con noticias malas. Algunas, terribles: las que nos hablan de un mundo sobrado de violencias; de ataques a la dignidad, a la vida o a la integridad física, psíquica o moral de las personas.

Hay ocasiones en que parecemos estar un pelín anestesiados ante todo ello. Como si nos estuviéramos acostumbrando a que forme parte del paisaje: nos puede ocurrir como a esa rana que, adormecida y calentita, iba cociéndose a fuego lento en un perol (hasta morir hervida). La rana de la que te hablé en uno de los posts más visitados de Dame tres minutos.

Hoy, pues, considero necesario un revulsivo: centrarme en esta parte sombría -bad news-, frente a la que estoy convencido de que podemos hacer mucho más.

Leía el pasado día 5, en Opiniones de ABC, al doctor Enrique Rojas afirmar lo siguiente:

“Los psiquiatras rastreamos el origen del comportamiento, yendo a las causas y motivos. En medicina hay dos tipos de tratamiento: sintomático, que va a la sensación que tiene el paciente; si hay dolor, un analgésico; si hay fiebre, un antipirético; si hay molestias digestivas, un protector gástrico. El otro tratamiento es etiológico, que es el mejor, porque va a la raíz de lo que lo ha producido, tratando de poner remedio a ese origen”.

Y yo -quien te escribe el post- creo que abordamos muchas de las ‘enfermedades’ que padecemos como sociedad centrándonos más en lo sintomático que en lo etiológico. Y hay que ir a las causas, a la raíz, además de a las consecuencias.

Mientras no sanemos el cuerpo y acabemos con el mal no habremos logrado el objetivo: gozar de plena salud. Por mucho que bajemos la fiebre o tapemos el dolor. Lo que, naturalmente, hemos de intentar. Sin olvidar -eso sí- que fiebre y dolor nos alertan de que algo no va bien. Y, precisamente, es en ese algo donde está el problema.

Llevo mucho tiempo rumiando este post. Lo reconozco.

De hecho, hay un cierto ‘aperitivo’ del mismo en algún otro ya publicado (p.ej. en “Mujeres, no objetos”, en “Llueve sangre” o en “Más vale prevenir que curar”).

Hoy podría sacar a colación ciertas conductas repugnantes, actos deplorables e inadmisibles. Totalmente condenables. Impropios de la condición humana. Llevados a cabo por individuos sobre los que espero -seguro que como tú- que caiga todo el peso de la ley: que se haga justicia.

Pero quiero hablarte, desde otro enfoque, sobre la actitud que se da en relación con las barbaridades que se perpetran.

Si sigues leyendo, lo entenderás.

Comentaba recientemente otra eminencia médica, el cardiólogo Valentín Fuster: Hay que promover la salud, más que prevenir la enfermedad.

Y, sin embargo, me venía a la cabeza (y te estoy hablando de conductas envenenadas, no de virus o bacterias) que en ocasiones:

  • Ni promovemos la salud (conductual) suficiente y adecuadamente
  • Ni siquiera sabemos prevenir de forma eficaz la enfermedad. Y, así, nos damos de bruces con ella: con que ya ha hecho acto de presencia, con que ya se ha consumado una conducta grave que atenta contra la dignidad humana.
  • Y, entonces, sí, intentamos reaccionar: con el justo castigo contra el injusto crimen. Actuar a toro pasado. Cuando -terrible- ya se han producido graves cornadas: violencia física hasta el asesinato, salvajes agresiones sexuales… Delitos ante los que, lógicamente, hay que actuar de forma punitiva: penal. La última ratio: cuando ha fracasado cualquier otro modo de protección. Erradicar la enfermedad es ineludible. No faltaba más. No hemos favorecido suficientemente la salud; ni siquiera hemos prevenido adecuadamente la enfermedad; y nos toca reaccionar con el -naturalmente- justo castigo.

Pero alguien, con buen juicio, se preguntará: ¿No se debería haber evitado una parte de eso antes? ¿Y fomentar la salud? ¿Y precaverse ante una potencial enfermedad? ¿O evitar más contagios?

Me estoy refiriendo, por ejemplo, a la cosificación de la mujer. A su utilización como mero objeto de posesión, de exhibición, o de uso y disfrute. O a desalmados y criminales que creen eso de “la maté (o la violé) porque era mía”.

Trágicamente, así ocurre. Y no de forma ciertamente esporádica.

La mujer, toda persona, merece el máximo y el más escrupuloso respeto. Código Penal en mano. Pero no solo -que, desde luego, también– a base de la aplicación de dicha ley, cada vez que proceda.

Son importantes las reacciones legislativas, políticas, sociales, las partidas presupuestarias, sí… Pero ¿podemos ir, más aún, a la raíz?

Una mujer, Ana Sánchez de la Nieta, publicaba el 30 de abril un artículo con una importante reflexión:

“…A lo mejor hay que repensar a fondo algunas cuestiones y reflexionar sobre los modelos relacionales que estamos ofreciendo en la literatura, el cine, la televisión, la moda o las redes sociales. Y poner en tela de juicio muchos discursos políticamente correctos, que atentan sin embargo directamente contra el sentido común”.

No parece mala idea: lo de repensar, nunca está de más. Y no es previsible que ello nos condujera a nada peor que lo que hoy vivimos.

Ana, por cierto, traía a colación en su artículo (publicado en Aceprensa), a José Antonio Marina, quien aseveraba:

“El machismo permanece porque intentamos erradicarlo con una mano, y lo fomentamos con otra. Todo el mundo sabe que la pornografía fomenta el machismo, pero la solución que se da es fomentar la pornografía femenina, que fortalece el modelo”.

Podría añadirte muchas otras consideraciones. Pero con las que han hecho las personas que te he traído al blog, creo que es suficiente por hoy.

No escribo más. Prefiero invitarte a que meditemos. Para, coherentemente, actuar.

Concluyo. O, mejor dicho, le dejo hacerlo al Dr. Rojas, que en su artículo de ABC señalaba:

“Termino. Ese binomio de la permisividad y el relativismo hace estragos. Como Saturno devorando a sus hijos, esta es una sociedad que fomenta lo que luego condena”.

¿Nos estaremos haciendo trampas al solitario? Y tú, ¿cómo lo ves?

Si quieres hacer pensar -solo pensar- a más personas… basta un simple clic.

Te animo a difundir. Harás bien.

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8 comentarios en “Frente a las violencias: ir, aún más, a la raíz

  1. Buenas! Aquí Jaír, de EfectiVida. Excelente artículo José! Da mucho que pensar. Ya que preguntas, te cuento mi opinión, que no deja de ser eso simplemente.
    Hace ya tiempo que en casa no vemos las noticias. No es que las tengamos prohibidas, sino que creemos que se puede invertir el tiempo en cosas mejores. Al mismo tiempo, intentamos estar al día, sobre todo, hablando con la gente. Y hay algo que hemos observado a colación con tu artículo: el hecho de conocer una noticia, amplifica muchísimo nuestras sensaciones hacia el tema. Es decir, si se hace “viral” un hecho delictivo (ya sea asesinato, violencia de género, un secuestro, violación, terrorismo, guerras en un país extranjero, etc), nos empieza a preocupar. Durante una temporada, todo el mundo se sensibiliza y, sobre todo, habla del asunto. Me asombra que, movidos por el tema de moda, asociaciones y hasta gobiernos enteros se ponen manos a la obra. Unas semanas después, como mucho, la noticia se olvida, y a otro tema.
    La realidad es muy diferente. TODOS LOS DÍAS hay víctimas anónimas, violencia y abuso. Estos no tienen la “suerte” de salir en los medios. Y lo peor, con esta sobredimensión y sobreactuación no se tratan las causas, si acaso los síntomas. Muchas veces, ni eso… Más bien se juzga a las personas, no a los hechos. Y, al no haber dado ningún tratamiento efectivo, la rueda vuelve a girar.
    Aprovechando la analogía que usas, mejor prevenir que curar. Y para eso, hace falta educación, como la que se encuentra aquí, en tus páginas.
    Un saludo!

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    • Querido amigo Jaír. Si siempre te leo con gusto (y aprendiendo de ti), esta es una ocasión más en que tu comentario aporta varias cosas:
      Una, tu clara visión de la vida. Y la integración de la misma en tu diario quehacer.
      Otra, tu lúcida manera de expresar tu visión.
      Y otra más (por no alargarme), cómo nos haces reflexionar!
      En suma, qué suerte tiene Dame tres minutos de haberse encontrado contigo.
      Ya sabes que esta es tu casa y que, siempre que quieras/puedas estás en condiciones de escribir, no solo comentarios, sino esos magníficos posts en que con tanto fondo y tan buena forma te expresas.
      Un abrazo!

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  2. Mil gracias, José. Has dado una magnífica respuesta a un tema sobre el que no podemos adormecernos y, menos, “pasar”. Nos jugamos mucho y seríamos unos mezquinos si dejáramos esta herencia a nuestros hijos, sin ni siquiera haberlo intentado… Un abrazo fuerte.

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  3. Buenos días, José:
    ¡Pura serendipia! Acabo de insertar un tuit “Medicar el sufrimiento psicológico en los numerosos casos de origen conceptual, no físico, no tiene sentido, aunque se disfrace de academicismo, creo yo. “Tratar” la soledad, el daño moral, p. ej., con sustancias, alcohol, drogas, medicinas, puede agravar la “enfermedad”.” contestando a otro de contenido similar cuando descubro tu “ir a la raíz”. https://twitter.com/JFCalderero/status/1000650905736400898
    ¡Más serendipia! En estos días pasados en Logroño con ocasión del congreso anual CITESUNIR he conversado largamente con profesores universitarios sobre el mal real que se produce cuando, defendiendo sinceramente los “valores” se llevan a cabo acríticamente prácticas que encierran en sí mismas el agravamiento de los síntomas que se pretenden combatir; no es otra cosa que falta de sentido crítico.
    Un “medio ambiente conceptual” que fomenta la “cosificación de la mujer” es aquel que fomenta la “cosificación del ser humano”, de todo ser humano, independientemente de su sexo. Mientras no nos decidamos a llevar hasta las últimas consecuencias la ineludible necesidad del ser humano de no ser exclusivamente un resultado de la acción ajena, estaremos alimentando un caldo de cultivo de todas aquellas numerosísimas situaciones en las que, a veces incluso por el bien del “otro”, se atenta contra la libertad, autonomía y dignidad de las personas; y esto desde bien pequeños y en los centros ¿educativos? Solamente el hecho de no considerar, y crear las condiciones para que sea posible, la familia como el principal ámbito educativo puede estar siendo un ejemplo de construcción del mal, aparentando hacer el bien: https://jfcalderero.wordpress.com/2018/02/05/xv-seminario-del-capitulo-de-educacion-de-aedos-la-familia-principal-ambito-educativo/
    Un fuerte abrazo y una gran agradecimiento por darnos habitualmente esos “tres minutos” que nos pides tú, pero que son un regalo que nos haces.
    Tu amigo,
    @JFCalderero

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    • Querido José Fernando: Mil gracias por tu reflexión y tus aportaciones. Es una suerte (y un verdadero regalo para el blog) contar con ellas. Es verdad que la cosificación de la mujer fomenta, indudablemente, la del ser humano. Es verdad que hay que apostar por la dignidad, libertad y autonomía de la persona: y su consiguiente responsabilidad.
      Esto daría para un post. Ahí te lanzo el guante. Esta es una oferta sin fecha de caducidad.
      Un abrazo fuerte, de amigo!
      José

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  4. Buenísimo artículo.
    Verdades como un templo.
    Gracias.
    Toca pensar, sí, reflexionar y encauzar para bien lo que podamos.
    Has tocado un tema ( bueno, con pinceladas de varios) muy y muy importante.
    Gran aportación.
    Para compartirlo
    Como siempre, gracias.

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