María Milagros: ¿cuál mayor que la vida?

El artículo 229 del Código Penal tipifica como delito el abandono de menores.

Prevé una pena de prisión de dieciocho meses a tres años (apartado 2) cuando lo cometen los padres.

En su apartado 3 establece, por otra parte, que la pena será de entre dos y cuatro años cuando se haya puesto “en concreto riesgo” la vida, la salud, la integridad física… del menor. Ello, sin perjuicio de castigar el hecho como corresponda, si constituyera otro delito más grave.

Cada vez que sabemos de un recién nacido abandonado, de un bebé que sufre, o que muere… se nos parte el alma.Y con razón: desamparado en su absoluta fragilidad…

Ayer leí una información sobre Mila (quiero llamarla así).

Mila podía haber sido abortada.

Podía, también, haber acabado en un vertedero; o en un contenedor de basura.

No sería, desgraciadamente, el primer caso. Ni el último. Nos enteremos o no.

Su madre, de 21 años, decidió sin embargo abandonarla a la puerta de una iglesia, a los tres días de haber nacido.

Poco después de que hubiera sido depositada allí, la pequeña fue encontrada -en buen estado- por una señora, que la arropó entre sus brazos y dio aviso del hallazgo: un tesoro.

La madre de la pobre criatura, en su punible conducta, ¿escogió al buen tuntún el emplazamiento en el que abandonó al bebé? Era un sitio por el que sabía perfectamente que pasarían bastantes personas…

¿Colocó, sin más ni más, junto a la niña una nota?  Una nota que decía: “María Milagros”.

Quisiera imaginar que, en la nota, a la joven madre (apenas veinteañera) se le olvidó una coma. Y me explico:

¡María, Milagros!

Como ser humano, me gustaría creer que la madre -¿quizás ofuscada, quizás sin sentir apoyos?-, en su terrible actuación, no quiso quitarse, sin más, “un problema” e intentar tomar las de Villadiego. ¿Quizás pensó -y deseó- que alguien se hiciera cargo de lo que ella no iba a afrontar? ¿De ahí que dejara a la recién nacida donde la abandonó, con un ‘recado’?

¿Qué recado?

Que el bebé no era una niña, sin más; de dos kilos y pico; y punto. No. Ella era, concretamente, “María Milagros”.

En su actuación, la joven madre omitió quitarle siquiera a su recién nacida la pulsera identificativa que le habían colocado en el hospital donde la había dado a luz. De ahí que fuera tan fácil -blanco y en botella- localizar y detener a la progenitora (con las maletas ya hechas) y ponerla a disposición de la justicia.

“La Fiscalía de Menores y el juez que instruya el caso serán los encargados de determinar si existe responsabilidad penal y si se puede aplicar alguna circunstancia atenuante a la madre”, publicaba El País.

No pretendo, desde luego, ni me corresponde, hacer de juez.

Lo que sí quería era compartir contigo la noticia en Dame tres minutos.

Para subrayar 5 cuestiones:

  1. Hoy en España tenemos un bebé más, ¡sano y salvo! 
  2. La pequeña Mila ¡vivirá suvida! Y, sin duda, recibirá y dará mucho amor. De hecho… pude ver en televisión cómo se le saltaban las lágrimas a la buena mujer que, por fortuna, se topó con ella.
  3. Si una embarazada no quiere o no puede hacerse cargo de su hijo, existen vías distintas al aborto o al abandono. Y entidades que las facilitan y que apoyan a las madres y a los bebés. No son opciones tan traumáticas como las primeras, ni, en algunos casos, tan irreversibles. Y, desde luego, no son punibles sino legales.
  4. Hay muchas familias no solo dispuestas a adoptar o acoger, sino ansiando hacerlo. ¡Hay lista de espera de quienes quieren y pueden volcar todo su cuidado y su cariño!
  5. Quisiera pensar que -si no hoy, probablemente mañana- tendremos una madre biológica (la hoy detenida) que celebrará que hallaran en perfecto estado a la que es hija de sus entrañas. A esa niña que depositó en un pequeño canasto señalando: no es simplemente un bebé; es “María Milagros”.

Porque los milagros existen, ¿verdad, María? Y si se dan en cualquier parte, ¿cómo no, también, a la puerta de una iglesia? ¡María, Milagros!

Hablamos de esto… y me viene a la cabeza una frase que atribuyen a Einstein.

Dice algo así: Solo hay dos maneras de vivir tu vida: una es como si nada fuera un milagro; la otra, como si todo lo fuera.

Como señala mi amigo y admirado José Fernando Calderero, lo sensato es reconocer que todo lo es. Mira esto:

Tú, él, ella, yo… no sé si podremos adoptar, pero podemos difundir.

Te invito a hacerlo. Por Mila.

4 comentarios en “María Milagros: ¿cuál mayor que la vida?

  1. Muchas gracias José. Me ha encantado, sobre todo, la frase final. Me conecta totalmente con el agradecimiento. Sentir que todo lo que tenemos es un milagro y como tal puede que desaparezca igual que llegó a nuestras vidas. La salud, la familia, el trabajo, el dinero,… todo. Sentirlo como un milagro me hace ser capaz de disfrutarlo y agradecerlo mientras lo tenga y no dar por hecho que me corresponde por derecho divino y solo lamentarme y sufrir cuando lo pierdo.
    Gracias por tu esfuerzo periódico en seguir publicando
    Un abrazo

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    • Muchas gracias a ti, Luis, por tu comentario y tu agradecimiento. Tenemos muchas razones para “asombrarnos” ante los muchos milagros que se producen ante nosotros. A veces, no sabemos agradecer esa gratuidad. Otras, ni siquiera la percibimos.
      No sé dónde leí algo que me hace dedicar esta frase a tu comentario: tenemos que mirar a la vida con ojos de madre, no con ojos de oftalmólogo.
      Solo se ve con el corazón…
      Un abrazo, Luis. Y buen fin de semana!

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  2. Tengo el privilegio de tener 3 hijos, los 2 primeros los tuvimos por medio de la adopción y el 3ro es biológico.
    La adopción, si se toma la decisión entendiendo que es otra hermosa forma de ser padres, es una experiencia maravillosa. Debo confesar que, cuando con mi esposa decidimos adoptar, yo tenia ciertas dudas, principalmente porque en nuestro caso no estaba descartada la posibilidad de ser padres biológicamente, yo me preguntaba sobre el amor que sentiría por un hijo adoptado y uno biológico, habría diferencia? Yo querría tenerlos y amarlos por igual pero seria posible? Luego de pensarlo y conversarlo mucho con mi esposa, finalmente nos decidimos y realmente puedo decir que no hubo diferencia entre lo que sentí cuando tuve contacto por primera vez con cada uno de mis hijos, a los 3 los amo sin diferencias de ningún tipo.
    Recuerdo muy bien que para el primero de ellos cuando fuimos a conocerlo me albergaba un temor adicional, yo soy alguien bastante serio, normalmente quien no me conoce puede creer que ando molesto, entonces temía que mi hijo al verme por primera vez se asuste y me rechace, Por otro lado mi esposa es alguien muy sensible, le advertí que no vaya a llorar porque podría hacer llorar a nuestro bebe de 7 y medio meses. Pues bien, lo que sucedió cuando nos conocimos para mi fue un milagro de amor, mi esposa lo recibió primero en sus brazos y el sonrió, ella estaba feliz y pudo evitar el llanto, de inmediato yo me acerqué nerviosamente mirándolo con un amor nuevo que saltaba en mi pecho, el amor de padre, él hizo algo que nunca olvidaré, estando cargado por su madre se inclinó hacia mi y rozó repetida y tiernamente su frente con la mía mostrando una hermosísima sonrisa, en el fondo de mi corazón yo sentí que me decía “No tengas miedo papá”, yo no pude contener las lágrimas, mi hijo me estaba ayudando a superar mi temor, luego lo tome en mis brazos y parecía que hubiésemos estado juntos desde su primer día de vida. Sin duda ese es uno de los momentos más felices de mi vida.
    No pensé extenderme mucho en mi comentario pero me pasa cuando hablo de mis hijos, para mi esposa y para mi los 3 son una bendición de Dios.
    Recomiendo totalmente el camino de la adopción.
    Saludos y gracias

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    • Muchas gracias, Jorge. Es un privilegio leer tu emotivo comentario. Tus hijos (estoy seguro) tienen mucha suerte: una madre y un padre que les quieren con locura. Qué hay más importante?
      Un abrazo y buen fin de semana!

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