Envidia cochina

marius-masalar-138929 by Unsplash

Hace un par de posts, te hablaba de la pobreza. De la pobreza y de Felisa.

No te traigo de nuevo a esta buena mujer para hablarte de ‘sus indigentes’. Al menos, de los ‘materiales’… Porque hay muchos tipos de pobreza: nunca olvides que una de ella es la soledad no buscada. ¿Te acuerdas de este post?

Las personas somos seres sociales, necesitamos relacionarnos y convivir; amar y sentirnos amados.

Cuando las personas nos mostramos abiertas hacia los demás, también hacia sus carencias o necesidades, no solo ganan ‘los demás’. Ganamos todos. Todos crecemos y todos somos -y nos sentimos- más felices.

Por el contrario, cuando actuamos de manera egoísta o nos dejamos corroer por la envidia, no solo podemos perjudicar a los demás, sino que nos hacemos un gran daño a nosotros mismos.

Esto, como verás enseguida, no solo lo digo yo.

Te hablé en su día de egoísmo (y de generosidad). Así que hoy toca lo de la envidia

Con la envidia uno dispara a otros y… se hiere a sí mismo

Permíteme 9 citas más. Y que empiece intentando provocarte una sonrisa. Y no es broma…

  1. Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado como quien los envidia. Marquesa de Maintenon.
  2. La envidia es como beberte un veneno y esperar que la otra persona muera. Carrie Fisher.
  3. La envidia es la úlcera del alma. Sócrates. 
  4. No puedes ser envidioso y feliz al mismo tiempo. Frank Tyger.
  5. La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten. Y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren. A. Schopenhauer.
  6. La envidia es una declaración de inferioridad. Napoleón.
  7. En cuanto el hombre abandona la envidia empieza a prepararse para entrar en el camino de la dicha. Wallace Stevens.
  8. ¿Qué es un envidioso? Un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta. Víctor Hugo.
  9. En cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia. Y antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia. Leonardo Da Vinci. ¡Qué artista, este Da Vinci!

Las dos últimas citas (las que nos hablan de luz y de sombra) me vienen de perlas para narrarte esta historieta:

Se cuenta que una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ella huía veloz y aterrada, pero la serpiente no pensaba sino en alcanzarla.

La luciérnaga pudo escapar el primer día; y el segundo; pero al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga detuvo su agitado y agotado vuelo y le dijo a la serpiente:

  • ¿Te puedo hacer tres preguntas?
  • No suelo conceder deseos, pero como voy a devorarte, accedo a ello, respondió el reptil.
  • ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
    ¡No!, contestó la serpiente.
  • ¿Te he hecho daño alguna vez?
    ¡No!, volvió a responder.
  • Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?
    ¡Porque no soporto verte brillar!, fue la última respuesta de la serpiente.

Cuando algo parecido a esto te suceda, ¡no dejes de brillar! Sigue dando luz a quienes te rodean, incluso si eso molesta a algún depredador…

Y… ¿qué tiene que ver todo esto con Felisa?

Que me ha contado una historia.

No se trata de una fábula, como la de la luciérnaga. Y no es, desde luego, fabulosa. Pero es real, como la vida misma, y nos puede hacer pensar:

La buena de Felisa tenía por costumbre visitar, semanalmente, a dos ancianas sin familia que vivían en una residencia.

Siempre que iba a verlas, les llevaba una revista como obsequio. O por mejor decir, no una, sino dos… ¡aunque del mismo ejemplar!

Ellas -¡a dónde nos puede conducir la envidia!- lo preferían así. Ninguna quería sentir que la otra hubiera recibido una publicación más interesante que la suya. Así que ambas querían la misma.

Y Felisa me decía: – ¡Con lo bueno que hubiera sido, por el mismo precio, tener dos revistas distintas y poder intercambiárselas!

Pero lo que te cuento no acaba aquí.

Peor aún: Una de ellas, envidiosa de que se agasajase también a la otra, uno de los domingos en que Felisa acostumbraba a visitarlas, se acercó a la generosa mujer y le espetó, con indebidas ínfulas: – Mire, señora, si le va a traer usted revista a la Pilar, no me la traiga a mí. ¡Ya verá usted lo que le conviene!

A Felisa le convino seguir siendo generosa. Generosa y… obediente: Le siguió llevando una revista a la Pilar. Y punto. Pensó que eso era lo que más le convenía: no ya a ella misma (por más que se ahorrase un par de euros) sino, precisamente, a la anciana enojada.

La envidia había propiciado que, durante algún tiempo, aquellas dos mujeres apenas compartieran… el comedor y la sala de estar de la residencia. Y porque no había más remedio. Y a Felisa se le sobró ‘el vaso de la paciencia’.

En un par de meses, milagrosamente -yo creo que algo habría rezado la buena de Felisa, atenta hasta a estas cosas-, las dos abuelillas entraron en razón. Así que hoy leen el doble y hasta ‘han hecho amistad’. Nunca es tarde si la dicha es buena…

Desgraciadamente, las personas somos, a veces, capaces de castigarnos con nuestras propias miserias, con tal de que no disfrute el de al lado. 

Me niego a acabar así: en este blog apostamos por fijarnos en la luz y no en las sombras. Aunque a veces estas nos sirvan de contraste para hacer un buen retrato.

Pero Dame tres minutos quiere ser, sobre todo, altavoz de tantos valores y actitudes positivas, a veces silenciadas, otras silenciosas, que muchas personas ponen en práctica. (¿Te acuerdas de esto?).

Son muchas las personas que, pensando en los demás, y atentas a sus necesidades, hacen callada y cotidianamente el bien y gozan de forma envidiable. Y no me malinterpretes el adjetivo…

Anda, déjame que, para concluir, te regale este breve vídeo, donde unos chavalines ofrecen una gran lección.

Siembra alegría y cosecharás felicidad.

En ello estamos. Y en llenar las redes -en este caso, las digitales- de buenas noticias.

¿Te animas a contarnos una en este blog? ¿O, al menos, a difundir el post?

¡Muchas gracias, en cualquier caso!

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6 comentarios en “Envidia cochina

  1. Acabo de leer tu último post. Dame tres minutos ya ha conseguido ser altavoz de tantos valores y actitudes positivas. Cuando lo estaba leyendo, me ha venido a la cabeza, una frase que he visto muchas veces en redes que dice “hay personas que para brillar necesitan apagar la luz de los demás”…En caso de que lo consiguieran (cosa que dudo), pienso que no les resultaría nada gratificante. El vídeo que incluyes en este post, me ha conmovido. Gracias por seguir escribiendo para tus seguidores. Se disfruta leyendo lo que escribes.

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    • Muchas gracias a ti, Begoña. El altavoz lo facilita sobre todo quien difunde. Y de eso, tú sabes mucho. Intentaremos seguir en la brecha… si el tiempo (en este caso horario) no lo impide. Me alegro de que te haya gustado el vídeo. Es muy bueno, sí. Feliz fin de semana para Pedro y para ti y muchas gracias por tus palabras y apoyo.

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  2. Una buena respuesta. Vámos a darle la vuelta. No suelo comentar mucho,, pero esta vez he querido dejar un comentario, para comunicar que me gusta la calidad y como no soy envidioso, comparto todo lo que me veo de calidad. Mi enhorabuena.

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