De la belleza

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Quizás conozcas la anécdota sobre Marilyn Monroe y Albert Einstein. Se dice que la actriz le sugirió: “Qué dice profesor, deberíamos casarnos y tener un hijo juntos. ¿Se imagina un bebé con mi belleza y su inteligencia?”. La respuesta de Einstein fue: “Desafortunadamente temo que el experimento salga al revés y terminemos con un hijo con mi belleza y su inteligencia”.

Leía hace poco un post de Pilar Jericó titulado “Vuelve a besar a ese espejo que te refleja” (enlace).

Aludía en él a la belleza física de las personas. No está nada mal. Nunca mejor dicho que es algo atractivo.

Pero, como subrayaba Pilar, hay que tener cuidado con la tiranía en que se está incurriendo en este asunto. Esa sí que está mal; pero que muy mal. Coincido con Pilar.

Como en cualquier otro ámbito, en el atinente a la belleza exterior predomina lo normal. Por eso se califica precisamente así. Porque es lo más frecuente.

La mayoría de las personas somos corrientes.

Eso sí:

  1. Todos podemos –tenemos que- cuidarnos un poco y sacarnos cierto partido. Es un saludable deber propio. Y lo es asimismo hacia los demás: hay que presentarse “agradable” en sociedad.

  2. Para gustos están los colores y todo el mundo tiene algo que poner en valor. Ello nos da un buen margen. Y facilita a cada persona la posibilidad de “sentirse bien en su piel” sabiendo, además, que el físico es el papel de regalo y que lo importante está en el interior.

  3. Es conveniente cuidar el envoltorio… pero no lo es menos volcarse en la gimnasia intelectual, emocional, espiritual… En estos ámbitos (a diferencia de en el físico) los años no tienen por qué jugar “a la contra” y cabe mejorar sustancialmente. Eso sí, también a base de “gimnasio”.

Desde los mass media, desde la publicidad, las cosas no se nos presentan de esta manera: se nos hacen llegar en general mensajes opuestos. Hay que ser guapo. Qué digo guapo, muy guapo. De diez. En todo momento, en toda ocasión. A cualquier precio. Eso sí, por fuera. En una bella “carrocería” están –apuntan de forma ya no solo subliminal- las claves de la felicidad y el éxito. No es así.

Vivimos (sobrevivimos) en una sociedad de muchas apariencias y sensaciones, más que de realidades y sentimientos, una sociedad que aprieta.

Que se inventa rostros con Photoshop, melenas al viento (con ventilador), sonrisas –muecas- postizas y llenas de bótox, cuerpos musculosos… o anoréxicos y “dientes, dientes”, que diría la Pantoja.

Y así vamos mal. Algunos nos están poniendo referentes artificiales, falsos, falsificados. Ejemplos que apuestan por una sociedad externamente perfecta: esto es, imposible.

Lanzan estereotipos tramposos que conducen a muchos a la frustración. Nos quieren engañar borrando un michelín aquí, una peca allá… por no entrar en mayores detalles, a la búsqueda del físico impecable y, si puede ser definitivo, eterno. A base de estirar la cosa o de ingeniería digital. En fin: toda una apuesta monotemática por la carrocería, por la belleza exterior. Caduca por naturaleza.

Pero ¿y cómo vamos de motor?

¿Pensamos en aquello que podemos mejorar con el paso de los años, sin PhotoShop, sin la toxina botulínica? ¿Estamos trabajando por una sociedad sana, natural, real?

La arruga es bella, decía Adolfo Domínguez. Puede serlo. Cómo no.

Porque puedes encontrar verdadera y hermosa poesía, con frecuencia escondida entre la prosa diaria, en esa anciana ajada demandante de afecto; o en aquel chaval distinto (enlace); o en ese padre o madre de familia que acaban la jornada derrengados y… en zapatillas.

Que sí, que hay que cuidarse de forma razonable y, también, por fuera. Pero sobre todo hay que aceptarse, quererse, gustarse globalmente… como uno es. Leía hace poco a alguien con gracia: “Hay gente guapa por fuera y gente guapa por dentro. Lo mejor somos las personas reversibles”.

No sé si eres “reversible” pero, debes saberlo, eres una obra única, irrepetible… más allá de que tengas que bajar -o no- 2.000 gramos. Quiérete.

Y recuerda que hay mucha gente guapa… también con defectos, arrugas o sobrepeso en el cuerpo o en el alma… Mírala con los ojos del corazón. Esos que nunca engañan.

Si te miras en esas personas, si las miras con esos ojos, te acabas mirando en ese espejo que sí te muestra al verdadero ser humano; y no un catálogo de momias “plastificadas”.

Y aquél, aquél sí será el espejo que te refleja.

Vuélvelo a besar.

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12 comentarios en “De la belleza

  1. José, me ha gustado mucho tu nueva entrada. Me parece muy importante el párrafo en el que hablas sobre que” Lanzan estereotipos tramposos que conducen a muchos a la frustración”. Este hecho está teniendo un impacto no siempre positivo en los adolescentes, por ser una edad de la vida más vulnerable. De ahí la necesidad de trabajar en la información (para desmontar “mitos”) y en la formación de las personas de toda edad pero especialmente de los adolescentes (para que no sean “manipulados”).

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  2. Cultivar el interior como el exterior. Que el envoltorio no sea más bonito que el regalo. El equilibrio. Como decía el sabio, “De nada demasiado”. Otra vez dando en la diana. Muchas gracias.

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  3. Muchas gracias por el post. Me ha gustado mucho y es un fiel reflejo de la sociedad que nos está tocando vivir. Es verdad que estamos en una sociedad en la que lo frecuente se normaliza con rotundidad. Es bueno y “normal” gustar y querer gustar pero hay que tener cuidado con:
    – Qué estereotipo buscamos. Tenemos que ser realistas y no dejarnos llevar por esos referentes irreales que nos proponen y tenemos que aprender a querernos como somos: seres únicos e irrepetibles.
    – Vivimos en una sociedad en la que predominan las apariencias y tenemos que esforzarnos en ver “Qué es lo que buscamos que guste”. No tenemos que reducirnos a apariencias. Como dice el post, lo importante es el motor, mi interior.

    Me toca tratar con cantidad de jóvenes y es una pena observar cómo se dejan llevar por este tsunami. En ese normalizar la importancia del atractivo físico en la consecución del éxito, dedican enormes esfuerzos en potenciar este aspecto de su vida. Esto tiene desastrosas consecuencias en el desarrollo de sus relaciones amorosas, que en muchos casos, se encuentran vacías de contenido. La infelicidad es el resultado.
    Muchas gracias por permitir confirmar esta reflexión que para mí es recurrente.

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