Un amor envidiable: de macarrones con chorizo

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Me encanta la belleza de lo sencillo. No puedo decir en este caso de lo ordinario, de lo normal, de lo cotidiano, porque ser el matrimonio más longevo de España no les pasa más que a dos de entre los millones de personas que estamos casadas. Iba a decir en broma que al menos mientras no se legalice la poligamia, pero creo que ni por esas.

La realidad es que, según nos cuenta El Mundo en un reciente y simpático  reportaje de Rebeca Yanke, Fernando, de 97 años, y Jerónima, de 94, llevan 74 años casados. Así que han superado con creces sus bodas de oro y tocan ya con sus dedos lo que descubro en Wikipedia se denominanbodas de brillantes“. ¡Felicidades!

Nos cuenta Rebeca en “Casi 100 años de amor” que un día Fernando, hombre pacífico, hubo de marchar a la guerra desde Manganeses de la Lampreana, provincia de Zamora. A su regreso al pueblo, lo primero que hizo fue preguntar a un amigo común si Jerónima, a la que conocía desde pequeño, “estaba entretenida con alguien”. Y fue que no. O sea, que fue que sí: que sí que la podía “entretener” él; hasta que se casaron. Lo cual no quiere decir que hayan dejado de “entretenerse”, ni de cuidarse, ni de ayudarse, ni de quererse. Imagino que con su prosa y su poesía: una y otra hacen del relato una bella composición.

En el reportaje, Fernando narra su vida mientras Jerónima le mira “cautivada”. Es un amor recíproco que viene de lejos. Ya nos indica la periodista que cuando España sopesaba entrar en la II Guerra Mundial y a Fernando le mandaron al cuartel, dijo muy claro: “Yo sin mi esposa no me voy a ningún lado”. Y no se ha ido. Ni tiene intención. Más bien tengo la impresión de que uno y otra pretenden emular -sin prisa, eso sí, sin prisa alguna- el viaje que emprendieron juntos Harold y Ruth, ese anciano matrimonio norteamericano en el que uno y otra pasaron a mejor vida, víctimas de enfermedad, el mismo día. A eso se le llama ir de la mano.

Historias normales

Da gusto leer historias como la que hoy te cuento. Sé que no son normales, pero son “normales”. Creo que se me entiende bien. Da gusto que esto sea noticia; y que lo sea que nevaba el día de su boda o que a ella le gustan -a mí también- los macarrones con chorizo.

Es casi terapéutico que la sociedad pueda leer cosas como estas. Más allá de que no todas las historias de amor culminen con un “fueron felices y comieron perdices” es bueno que se cuente que hay quien se compromete y trabaja por ese final y lo logra. Aunque no siempre acabe así.

Porque lo lamentable, y como diría José Mota “muy cansino”, sería presentar como paradigma a tantos “¿referentes? sociales” de las portadas de la prensa del cuore. Esos que divulgan enamorarse y romper amores sin solución de continuidad, o sea, dicho en cristiano, uno detrás de otro. Todo ello en lo que aparenta ser una frenética carrera de sensaciones (y de exclusivas), de cambios, recambios y recontracambios,  de penoso exhibicionismo de talonario… más que una vivencia de amor real: también del de preparar los desayunos, hacer las camas, comer la sopa o ¡los macarrones! y disfrutar de ello porque lo hacen juntos. En los días grises y en los días de sol.

No os cuento todo esto a “humo de pajas”, sino pensando en la sociedad que construimos, pues -os juro- se me quedó grabada una visita a un colegio en que algún alumno/a ante mi pregunta de “¿qué quieres ser de mayor?” no respondió profesora, enfermero, astronauta o ebanista… Su aspiración, como persona, era ser “famosa”. Vamos de los de Sálvame…

¡Con qué envidia, Jerónima y Fernando, tienen que mirar vuestra extraordinaria vida ordinaria muchos de los del papel couché, más amarillo que rosa! ¡Con qué envidia los “famosos” de la telebasura!

Me dáis envidia hasta a mí… y no solo por los macarrones. ¡Vivan los novios!

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2 comentarios en “Un amor envidiable: de macarrones con chorizo

  1. En una palabra…se puede! Permíteme este pensamiento: a veces decimos: si mi señora fuera…si mi hija actuara de otra manera…si mi segundo hijo…etc., etc. Creo que la solución no está en el Plan Recambio, que nos ofrece, a modo de ejemplo, una casa de electrodomésticos (pagando con tarjeta de crédito, con dinero que aún no hemos ganado) para cambiar nuestro antiguo refrigerador…, sino en aceptar nuestra familia, amigos, entorno,…, tal cual es. Dónde está escrito que ‘cambiando’ seremos más felices, no tendremos los mismos o peores problemas…? Fernando y Jerónima nos dan su respuesta: se puede!, a veces aguantando, sí, pero se puede! Ellos son felices, nosotros no podemos serlo?

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