Respuesta ante la infamia

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En el pleno celebrado en Pamplona el pasado viernes, la portavoz de Bildu, Eva Aranguren, fue interpelada por una concejal popular. Ésta última le pidió que manifestase si condenaba el atentado mortal perpetrado en su día contra quien fuera Jefe de la Policía Foral, José Luis Prieto Gracia. José Luis Prieto era padre de siete hijos. Entre ellos Paz, precisamente concejal de UPN en Pamplona. Y también presente en la sesión plenaria.

La concejal bildutarra, ante la interpelación de condena, comentó: “¿Y los que él dirigió?”

Posteriormente, presionada por algunos grupos municipales, excusó sus palabras, para poco después animar a la participación en una manifestación por unos detenidos por presunta pertenencia a ETA.

Bildu emitió un comunicado en el que asumía “la falta de oportunidad de la expresión vertida fuera de micrófono” por su portavoz. Y en un derroche de cinismo señalaba que “ha llegado el momento de…reconocer, reparar y respetar a todas las víctimas” ¿No están entre esas todas a reconocer, reparar y respetar el padre y la familia de Paz? Los hechos hablan por sí solos.

Un servidor público -tafallés de 61 años- fue tiroteado en la cabeza, a traición, por dos etarras cuando se dirigía con su mujer a asistir a misa. Cayó fulminado. Su viuda, Matilde, se despidió de rodillas ante el cadáver de quien había sido su marido durante 32 años. A partir de ese momento, Matilde acudiría diariamente a misa pasando, también diariamente, por el lugar del atentado. La viuda manifestó en una ocasión: “He rezado todos los días por las personas que mataron a mi marido”. Matilde jamás inculcó el odio a sus hijos.

Leo en Relatos de plomo, Historia del terrorismo en Navarra’obra editada por nuestro Gobierno, cómo la propia Paz afirma de su madre: “…ella nunca se desmoronó delante de nosotros y tampoco hablaba mucho del atentado en casa… Ese es uno de los aspectos que nos diferencia de los asesinos: ellos aleccionan a sus hijos, los llevan a todas las manifestaciones desde pequeños. Nosotros, en cambio, optamos por inculcarles el valor de vivir en libertad. El día que di a luz a mi tercera hija, ETA asesinó a Miguel Ángel Blanco. En esos momentos lo pensé claramente: nosotros somos la vida y ellos la muerte”.

Tengo la fortuna de ser amigo de Paz, de quien fui compañero en el consistorio pamplonés. Siempre admiré la entereza de Paz, su calidad humana, su valentía, su señorío. Hija de padres.

El viernes hablé con ella. Quería acompañarla ante la infamia. La encontré firme ante la afrenta. Es una mujer de convicciones, consciente en su tragedia de que “destrozar familias y causar dolor no lo cura el tiempo”. Y menos si cabe si, además de asesinarte a tu padre, constatas decenios después que algunos no sólo no condenaron el crimen ni lo condenan, sino que mienten -y se les escucha hasta a micrófono cerrado- cuando hablan de reconocimiento y respeto a las víctimas.

El cambio de algunos no es ético. Es táctico. Pero se les cae la careta.

Gracias, Paz; gracias a todas las víctimas del terrorismo por vuestro coraje y ejemplo. Los de quienes siempre han pensado -y demostrado- que prefieren morir de pie a vivir de rodillas. De rodillas, jamás, ante los asesinos o quienes les jalean. De rodillas sólo, como vuestra madre os enseñó, para rezar. Dios os bendiga.

Sois todo un referente.

Esta es la verdad. Y es imprescindible que se sepa y se transmita.

Publicado en Diario de Navarra el 20/1/2015

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