A Mª Victoria y Mª Pilar. In memoriam

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“Dios te libre del día de las alabanzas” se suele oír; pero es verdad que la muerte -especialmente cuando se nos van personas jóvenes- nos conmociona a todos. Y es, quizás, ese estremecimiento el que nos hace expresar sin pudor y en voz alta reflexiones y afectos muy humanos que en circunstancias “normales” se hacen menos públicas. A veces, muchas veces, las personas nos apreciamos, nos valoramos, nos queremos, mucho más de lo que nos lo decimos. Y eso está mal. Aunque frecuentemente lo recordamos cuando ya no hay remedio.

Hoy me entero con dolor del fallecimiento de Mª Victoria Arraiza, parlamentaria foral del grupo socialista. Tras una dura enfermedad que afrontó con enorme dignidad. A los 52 años.

52 años tenía también la portavoz municipal de UPN en Funes, Mª Pilar Sánchez Navarro, que se nos fue sin dar tiempo a despedirnos y a quien enterramos el pasado lunes.

Ambas trabajaron, y trabajaron mucho y bien, por su pueblo; por el navarro en general, Mª Victoria, o en concreto por el funesino, Mª Pilar.

Con una y otra me tocó vivir momentos en que ambas, con independencia de sus respectivas ideologías, me mostraron una común vocación de servicio a los demás (especialmente a los más necesitados) .

Podría narrar muchas anécdotas de Mª Victoria, la vocacional docente y la ilusionada estudiante ¡y de matrícula! Doctora en Sociología, licenciada en Psicología y profesora de Secundaria, recuerdo cómo hace unos meses me contaba con orgullo sus avances en las últimas asignaturas que iba a completar en su UNED. Era una persona vital (enamorada del Camino de Santiago, cuya Asociación de Amigos presidió); una mujer comprometida con los más débiles; solidaria hasta la médula con “sus negritos”, con África, a donde viajaba a cooperar y con cualesquiera otras personas y periferias. Una política sensata, moderada, dialogante; con capacidad de escucha; sin prejuicios sectarios a la hora de buscar la consecución del bien común.

A Mª Pilar Sánchez no la conocí en Funes (¡uno de sus patronos es Santiago!) sino en Tafalla, donde se inició como abogada. Compartimos algunos casos en el bufete de un tío mío que tenía como cliente a su padre. E hicimos amistad. Luego, pasados los años, cuando ella ya había optado por dedicarse a la empresa familiar, supe que encabezaría nuestra lista municipal en su pueblo. ¡Cuánto trabajo llevó a cabo para conseguir mejoras para el colegio público! Y bien que las logró. Ahí también compartimos esfuerzos y alegrías, pensando en el bien de la comunidad educativa. Su muerte repentina, inesperada, nos conmocionó.

Hoy quiero rendir público y sentido homenaje y reconocimiento a estas dos jóvenes mujeres que se nos han ido de aquí “con las botas puestas”. Trabajando hasta el último suspiro por servir a los demás. Demostrando, con sus vidas, que hay políticas (y políticos), servidores públicos, con todas las letras y con mayúsculas. Y que no forman parte de casta alguna. Una mayoría.

Gracias de corazón por vuestra labor. No sé si os las di suficientes veces.

Seguro que os habéis dado un gran abrazo allá arriba, al encontraros junto a Santiago Apóstol; pero ¡cuánto os vamos a echar aquí de menos!

Descansad en paz.

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